A 40 días de haber perdido mi derecho al libre tránsito

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Ya se dijo en todas o en muchas partes: la cuarentena es mucho más que una medida sanitaria, es un giro en el GPS de la historia del mundo actual.

Escucho casi con incredulidad de ficción las noticias, y de a ratos me provoca frotarme los ojos para comprobar que no lo estoy soñando. Después de 40 días de haber perdido mi derecho al libre tránsito llevo varias vueltas de rosca en mi neurosis y en ese afán tan mío de atorarme con la rumiación del pensamiento.

Que no se entienda como una queja, por el contrario, parece que estoy desarrollando el mecanismo de la Regresión (se define como una huida del presente a un estadío evolutivo anterior. Decimos que alguien se pone regresivo cuando su comportamiento o emocionalidad se torna de repente infantil).

Así las cosas, esta rara sensación de no tener control ni de mis propia agenda, y estar a merced de que otros decidan por mí, me provoca una suerte de extraño descanso del ejercicio de ser humano adulto.

No tengo ni para qué preocuparme, dado que no está en mis manos decidir nada más que lo que voy a comer y a qué horas me acuesto y en qué momento juego a hacer gimnasia saltando a la soga. Solo en mi temprana infancia viví situación similar…la vida se resumía en hacer caso, y de no hacerlo, venía el coco y te podía atrapar (contagiar, se diría ahora).

Confieso que de a ratos, me da un poco de susto y desconfianza de que me cuiden mal, y  los “grandes” que andan decidiendo mis días, no estén a la altura de la responsabilidad…después de todo, como dice un colega al que admiro: “hay padres negligentes que tienen hijos que no merecen”.

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