¿Crees que se puede aprender a ser feliz?, ¿a sentir placer, gratitud, vitalidad frente a la vida?.

Estoy convencida de que se puede. Elegir por uno, es un aprendizaje. Cuidarse, aun en medio del dolor, también. Se aprende a calmar el alma, se aprende la compasión, se aprende el coraje, la disciplina, la irreverencia, la risa. Se aprende a dejarse querer y se aprende a quererse.

La felicidad es un estado y una actitud de abrazar la vida, una inclinación a participar de la existencia con curiosidad y ganas. Sin embargo, esta vida nos desafía, a la par de alegrías, nos da dolor. Sufrimos pérdidas de seres amados, rupturas amorosas, problemas de salud, laborales, financieros, hijos que sufren, relaciones difíciles, etc. Enfrentamos bien estos desafíos cuando nos encuentran fuertes, otras veces nos encuentran vulnerables por alguna experiencia previa. Un gran desafío, en un momento de vulnerabilidad, nos provoca mucho y largo sufrimiento si no tenemos los recursos mentales del discernimiento, la calma, el valor, el entusiasmo necesarios para hacerle frente.

Nadie los tiene siempre. Decidir cultivarlos es una forma de trabajar por la felicidad nuestra. Sin embargo, es bueno empezar por algo más básico, como abrir el alma, desarrollar el hábito de apreciar y tomar lo bueno de la vida a través de los sentidos. Apreciar, buscar activamente, lo bueno que nos rodea. La risa de mis hijos, la alegría de una amiga, la bruma entre los árboles al amanecer, el olor de su perfume, el sabor del achachairú, la ternura de un abrazo, el placer de bailar, son algunas de las cosas que disfruto. Las tuyas seguramente serán otras. ¿Cuáles son?, ¿Las registras y las buscas durante el día?