Durante el tiempo en el que investigaba, releía y exploraba literatura relacionada al fútbol para escribir el libro Pasión inútil. Cuentos de fútbol (2019), descubrí el entusiasmo y el apasionamiento que este deporte provoca entre intelectuales y otra gente tildada de “seria” que, en una primera mirada, nadie relacionaría con una práctica tan popular y multitudinaria. Albert Camus, que antes de ser premio Nobel de Literatura en 1957, fue un esforzado guardameta, decía: “En una cancha de fútbol se juegan todos los dramas humanos”.

A mediados de este inusual año, el equipo de la cuna de los Beatles, después de 30 años sin ganar la liga, se proclamó campeón de Inglaterra por 19ª vez en su historia. El Liverpool —los “reds”—, a la cabeza del egipcio Mohamed Salah, reina en la Premier League. Un hecho curioso, que refuerza esto de que el fútbol impacta en la vida diaria de la gente, son los resultados de un documento publicado por profesores vinculados a la Universidad de Stanford y la Universidad de Zúrich sobre los insospechados efectos de la vinculación del egipcio Salah al Liverpool. La investigación concluye que tras su incorporación al actual campeón de la Champions League, cayeron los crímenes de odio en el condado de Merseyside (donde se ubica Liverpool), y la retórica antimusulmana en redes sociales por parte de los hinchas rojos, disminuyó. Un resultado inesperado del fichaje, pero no el único efecto “extraño” que genera el fútbol. El máximo artillero hizo famosa su celebración agradeciendo a Alá, postrándose de rodillas, con la frente al suelo. En el caso de Salah, los autores concluyen que el egipcio, siendo un modelo a seguir, logró “humanizar” y eliminar prejuicios hacia una comunidad con tradiciones diferentes a las locales.

Otro ejemplo paradigmático, que se viralizó a través del Internet, es el mensaje que el gobierno de la región de Lombardía en Italia grabó con el futbolista del AC Milan, Zlatan Ibrahimović, después de que éste superara el contagio del coronavirus. El delantero sueco, hablando en italiano, y en su peculiar y fanfarrón estilo hace un llamado a la población: “El virus me desafió y lo vencí. Pero tú no eres Zlatan, no desafíes al virus. Usa la cabeza. Respeta las reglas. Distanciamiento y mascarilla, siempre. Venceremos”. La concienciación de la ciudadanía está por medirse, pero el mensaje del “Chuck Norris de las canchas”, lo han visto casi todos.

En nuestros pagos futboleros, el reciente presidente electo —conocido basquetbolista—, demostró que de balompié sabe muy poco. Queriendo ganarse simpatías declaró que su gabinete ministerial será como la selección boliviana. Si algo supiera, no hubiera usado tan desafortunada analogía con la inútil y mediocre selección nacional de fútbol, que la única y última vez que clasificó a un mundial, fue en 1994. Sin embargo, como a todo nuevo gobierno, habrá que darle el tan mentado “beneficio de la duda”.

El fútbol, en ocasiones, va más allá de un simple balón que rueda por el césped y que veintidós atletas persiguen para hacerlo atravesar en la portería contraria. Ya lo dijo, con mucha propiedad y elegancia, Jean-Paul Sartre: “El fútbol es una metáfora de la vida”. Habrá que esperar que nuestra “selección” haga algunos golcitos, los sufridos aficionados bolivianos los estamos necesitando.