Bolivianistas de café

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Desde una de las tantas cafeterías porteñas o desde la rambla catalana es fácil convertirse en un “periodista progre”, subirse al último trending topic de Twitter, y escribir sobre la realidad boliviana, afirmando que “fue un golpe de Estado”, como tantos otros golpes que ha sufrido este pobre país tercermundista.

Con un aire paternalista y mirando por sobre el hombro, muchos “intelectuales y analistas políticos” llenan columnas, notas informativas y tuitean viejos eslóganes, con narrativas trasnochadas y alejadas de la realidad, pero que refuerzan el manido discurso de víctima del expresidente Morales, el primer presidente indígena de Bolivia, que al verse descubierto haciendo fraude, tuvo que huir del país. O como lo dijo el presidente electo argentino: “el primer presidente boliviano que se parece a los bolivianos”. Una frase, de uno de los tantos presidentes argentinos que, no solo tiene la cara de imbécil, sino que vomita su racismo.

A muchos de ellos, Bolivia solo les importa para remozar su imagen de románticos soñadores del socialismo del siglo XXI o son parte de la planilla de esquemas supranacionales y deben promover el discurso de quien les paga. Desde la comodidad de su silla de café, estos repentinos “expertos bolivianistas”, escriben sobre el “hermano pueblo boliviano”, desconociendo por completo los pormenores y detalles claves del conflicto. Pocos mencionan que más de dos millones de indignados ciudadanos estuvimos veintiún días en las calles, en una resistencia pacífica, protestando para hacer respetar nuestro voto, mucho antes de que cualquier uniformado sugiriera nada.

Todos hablan de derechos humanos, pero en casi cuatro años, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no dijo nada sobre el incumplimiento del referéndum del 21-F, y tampoco a estos “expertos” ese tema les incomoda. La gran mayoría se apoya en informes interesados o fuentes poco confiables, y los más despistados, se obnubilan por las apariencias y el decorado, sin profundizar ni contrastar el contenido de sus historias.

En casos extremos, alguna prensa internacional que visita el país, ha montado imágenes y testimonios que intencionadamente distorsionan la verdad de los hechos. De esto último, hay más de un par de evidencias audiovisuales.

He seguido a muchos de estos “opinólogos” en las redes sociales y me he trenzado en discusiones interminables sin poder, no digo persuadirlos, sino encontrar puntos de vista equilibrados que reflejen lo que de verdad se está viviendo en mi país y que sus entusiasmos ideológicos distorsionadores no les permite ver.

A ninguno de ellos le ha llamado la atención que, por ejemplo, el secretario general de la OEA, declare: “Hubo golpe de estado en Bolivia en el momento que pretendieron robarse las elecciones y perpetuar a Morales en el poder (…) nos enteramos que había dos espías argentinos en la misión de auditoría, sin capacidades electorales (…) manejando información confidencial con pruebas testimoniales de personas a las que había que proteger”.

Alberto Fernández reconoció que uno de ellos era del Partido Justicialista y que habló con él antes de que el organismo emitiera el informe que desnudó el fraude electoral. Confesiones de partes de un burdo y macabro entramado supranacional, que buscaba robar el voto del ciudadano, que a nadie sorprende y del cual estos “expertos” no escriben nada.