La Catrina, uno de los símbolos más característicos de la cultura mexicana, se ha fusionado con otra tradición, las piñatas, en un ejercicio de reinvención que busca reivindicar el Día de Muertos pese a las circunstancias actuales.

«La piñata de Catrina no la hacemos con la misma técnica de las piñatas convencionales. La hacemos con la técnica del arte de papel maché. Son artesanías hechas y pensadas para esta temporada», dijo este miércoles a Efe Anabel Real Cornejo, una de las creadoras de esta nueva producción.

Aunque durante todo el año, y especialmente en las posadas y en Navidad, normalmente la piñata de siete picos -que representa a los siete pecados capitales- es la más comprada, la Piñateria Alegría, ubicada en el balneario de Acapulco, quiso innovar y rescatar parte de la cultura del Día de Muertos.

La elaboración de la piñata de Catrina comenzó hace 4 años, y hoy se ha convertido, al menos en esta ciudad costera, en una pieza importante en muchos altares y festejos para el Día de Muertos.

Antes se hacían piñatas con motivos de Halloween «pero cuando se empezó a ver la necesidad de rescatar las tradiciones» se decidió recuperar algo propio del país, enfatizó Anabel.

Estos días, en esta insigne piñatería de Acapulco conviven con las llamativas catrinas con figuras de todo tipo: desde dibujos animados y personajes de películas, a políticos como Enrique Peña Nieto o incluso una que se inventaron emulando al coronavirus, un éxito de ventas en los últimos meses.

LAS PIÑATAS, SÍMBOLO NACIONAL

Las piñatas se han convertido en uno de los elementos más representativos de la cultura mexicana.

Mientras que algunos historiadores consideran que fueron llevadas Europa por Marco Polo tras sus viajes por China, y de ahí a México por misioneros, otros afirman que las piñatas se originaron entre los aztecas, los mayas y otros pueblos originarios de México, que hacían vasijas y esculturas de arcilla huecas con la forma de sus dioses.

En ambos casos, las piñatas se usaban en festejos y conmemoraciones religiosas.

FUSIÓN DE TRADICIONES

A pesar de no saber cómo sería la aceptación de los clientes con esta nueva piñata, el establecimiento -en el que trabajan actualmente seis mujeres y un puñado de jóvenes- decidieron seguir adelante con esta nueva creación, con una primera tirada de 20 catrinas fabricadas.

«Se hizo una y ya con eso fue suficiente. Ese primer año fue algo de locos, se sacó la Catrina y se empezaron a hacer pedidos. Pero no se pudo trabajar todo lo que la gente demandaba», apuntó Anabel.

Para los mexicanos la Catrina es más que una simple calavera bien vestida.

Creada a principios del siglo XX por el grabador e ilustrador José Guadalupe Posada, en sus inicios se la conoció también como la Calavera Garbancera y hacía alusión a una crítica social, donde se burlaba de los indígenas que se habían enriquecido y menospreciaban sus orígenes y costumbres.

La fabricación de cada una de las piñatas, aseguró Anabel, tarda aproximadamente 11 meses.

Primero se realizan las bases y los cuerpos, y se moldea la cabeza, las manos y los dedos, para después pintarlas y vestirlas con un diseño personalizado para cada una.

«Se trabaja con mucho tiempo de anticipación para poderlos armar y que estén secas y presentables para esta temporada. Se trabaja con la pintura ya que es el detalle más fino qué le podemos dar, todo es pintura a mano», comentó su creadora.

Actualmente las piñatas de catrinas cuentan con cuatro diferentes tamaños diferentes que van desde los 35 centímetros hasta los 2 metros y medio.

EN LAS CIRCUNSTANCIAS ACTUALES

En la actualidad, la Catrina celebra la vida después de la muerte y crea un vínculo entre estos dos estados, por lo idealiza de cierta manera los rituales de las festividades de Muertos en México, celebradas desde el 31 de octubre al 2 de noviembre en México.

«Yo sé que es una cuestión muy difícil, es muy triste sobre todo por el motivo por el que las adquieres, pero al final del día es la manera de cómo recordamos a nuestros muertos en los altares», argumentó Anabel.

En años anteriores, las piñatas han tenido mucho éxito y se llegaron a vender a otros estados mexicanos como Puebla o Morelos.

Debido a la pandemia, la piñatería estimó que sus ventas han bajado hasta un 60 %.

No obstante, confían en remontar sus ventas y, aunque los panteones estarán cerrados en muchas regiones del país por la pandemia de coronavirus, o con muy limitado acceso, estas piñatas en forma de Catrina pasen a adornar muchas ofrendas en casa.

«Si viene gente a comprarlas porque aun así la tradición de ponerle la ofrenda a los muertos continua. Y tristemente las cifras de fallecimientos han crecido», explicó la mujer.

Por tal motivo, Anabel Real Cornejo, asegura que ahora más que nunca es importante seguir con las tradiciones, ya que esto trae alegría al hogar.

«El hecho de que en una familia rompa una piñata es una convivencia. Y para nosotros es representativo el hecho de tener una Catrina porque sabemos que va a venir nuestro difunto y que lo estamos recordando», concluyó.

Hasta el momento, México suma más de 860.000 casos confirmados de coronavirus y 86.893 muertos.