Usualmente mi día comienza faltando 5 minutos para las 5 de la mañana y termina pasada las 22 horas. En teoría son 17 horas en las que la mayor parte del tiempo trato de estar consciente y con mis seis sentidos activos, pero a veces me gana el desorden mental y el exceso de horas que afecta la producción de cualquiera en las tareas que nos corresponda hacer.

Me tocó estar un par semanas sin ayuda domestica así que mi situación “horario” cambió, pasó de desorden normal a caos. Estuve a punto de desahogarme con aquellos con quienes comparto el techo, pero me ayudó mucho aprender a respirar y a tomar un par de minutos para organizar mi desastre.

Intenté levantarme más temprano, pero el lado que ama mi cama no permitió que eso suceda y se generó un conflicto interno que diariamente duraba unos 15 minutos. Al final siempre ganaba la responsabilidad de cumplir con un sinfín de cosas, pero a pesar de todo, se me fueron acumulando las tareas domésticas y las que no son (como escribir en este espacio), por lo que, junto con el equipo familia optamos por administrar la situación como “crisis doméstica”. Definimos prioridades y decidimos desarrollar un plan de acción ejecutable de forma inmediata.

Conseguimos ayuda doméstica (no fue fácil) y comenzamos a desarrollar un horario real, no el que uno sueña, porque ese sólo nos hace postergar cosas.

Activé una App que trae Google que se llama “recordatorios” y la llené de citas por desarrollar a lo largo del día, eso me ayudó a dormir más tranquila (sin sobresaltos y dejé de robarme los 5 minutos extras), active mi Spotify (ya sé que no tiene nada que ver, pero la música mejora mi estado de ánimo). En esos recordatorios incluí tiempo para mirar mis series de TV (merezco descansar) y sumé horas para mis amigas, mis hermanas y mi familia. Ahora estoy en la lucha de cumplir esas metas que se van logrando paso a paso y cada día (¡Felicidades a mí!).