Una fotografía compartida en uno de mis grupos de WhatsApp me llamó la atención y pensé que detrás de esa imagen podría haber una historia para contar. El ingenio popular puede batir a los mejores estudios universitarios sobre vallas, carteles y anuncios publicitarios de calle. En una tela verde-limón, de esas que se usan para pregonar los “Viernes de Kjaras” (plato típico vallense a base de carne de cerdo), amarrada a un árbol y a un poste de luz en la jardinera central de una avenida, se podía leer un texto impreso en letras negras, mayúsculas, corto, bien pensado: “Se cura covid 19” y abajo un número de celular.

No lo pensé mucho y llamé de inmediato. Después que la llamada timbró unas cinco veces, del otro lado escuché el saludo en la voz de un hombre que parecía de mediana edad y con un especial dejo y entonación al hablar. En compensación de un pésimo “oído musical”, tengo mucha facilidad para detectar el origen de los acentos. Sin todavía mencionar nada sobre la banderola, le pregunté primero de qué parte de los valles cruceños era él. “Soy de Saipina”, me respondió. A partir de ahí, improvisé el tonillo y los términos más próximos al lenguaje que usaría un compadre vallense. No puedo asegurar que esta estrategia me haya ayudado en la conversación, pero creo que ambos nos sentimos como se sienten dos amigos de barrio cuando se ponen a conversar después de no haberse visto por años.

R.V. (las siglas de su nombre) dijo ser terapeuta en biomagnetismo, que aprendió esta técnica en un centro de Arica, Chile, pero que correspondía a la misma escuela del Dr. Isaac Goiz Durán, mexicano, fundador del Par Biomagnético. Según mi amigo saipineño y mis investigaciones posteriores, el biomagnetismo es una terapia de medicina alternativa que consiste en la aplicación de imanes terapéuticos para corregir desviaciones en el pH del cuerpo del paciente. El pH es un baremo ideado para medir la alcalinidad o la acidez de una sustancia. De manera que, con esta supuesta técnica, el propio cuerpo obtendría un equilibrio y recobraría su salud. R.V. me aseguró que ya tenía más de sesenta pacientes, infectados con el Covid-19, totalmente curados y lo único que había utilizado era un par de imanes.

“Mi tratamiento es relajante y no invasivo. En un par de sesiones, pacientes que ya habían sido desahuciados, salieron caminando de las terapias”, me aseguró R.V. Aproveché para darle algunas características de la enfermedad de base de mi supuesta abuelita, que era a quien debía tratar. Y ya, en plena confianza, como quien hace un favor a un paisano, mi cumpa saipineño me confesó que con sus imanes podía curar el cáncer, la diabetes, enfisemas pulmonares, insuficiencias renales, leucemia, VIH, mal de Parkinson, Alzheimer, soriasis, impotencia y un largo etcétera. Colgué el teléfono prometiéndole una segunda llamada para darle la dirección exacta para su visita a domicilio. R.V., con su verdoso y exitoso anuncio en la avenida, apenas tiene tiempo para conversar con los coterráneos.

Las singularidades de este novedoso virus han dejado sin una respuesta contundente a los organismos internacionales y en una mayúscula desorientación a los gobiernos y sus responsables de salud. Los protocolos y esquemas se han ido ajustando en la medida en que aparecían estudios científicos que los respalden. La desesperación, impaciencia e impotencia de la población ha provocado que aparezcan, por oleadas, diferentes curas milagrosas que inducen a la automedicación, sin medir las consecuencias de potenciales intoxicaciones y contraindicaciones de los múltiples supuestos remedios que consumen.

Además de la rápida propagación del virus, existe también un panorama de desinformación y paranoia. La penetración y uso masivo de las redes sociales, en todo el mundo, hacen que circulen, con mucha facilidad, noticias falsas o engañosas, estafas, teorías conspirativas, fraudes, entre otros. Estamos expuestos a una combinación tóxica y peligrosa de ignorancia y miedo. Cuando estamos asustados y sentimos que ya no tenemos tiempo, queremos creer en algo y nos aferramos a cualquier cosa que parezca ayudarnos, así sean un par de inofensivos imanes, remedios para los bichos o desinfectantes industriales.