David Rosso, el doctor altruista que trata a perros con cáncer

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Sus encuentros fortuitos con canes que sufren cáncer hacen que durante algunos fines de semana, Rosso abra las puertas de su consultorio para ayudarlos a superar la enfermedad con una terapia libre de medicamentos.

Texto de María Ortiz, para Página Siete

“¿Te gustan los animales?”, me pregunta espontáneamente, antes de irse, el señor que había estado cenando en una mesa contigua a la mía durante una noche cualquiera en un restaurante de La Paz.

– “Sí, ellos son mis perros”, le respondo señalando a los dos canes que ya empezaban a impacientarse tras el umbral del acogedor local.

– “¿Conoce a alguno con cáncer? Yo soy médico y me gusta ayudar, sin costo alguno, a los perros que padecen esta enfermedad”, me cuenta el señor, llamado David Rosso, antes de pasarme su número de celular.

 La radiografía muestra un tumor en el hígado de un perro que padecía cáncer hepático.

Había quedado tan fascinada con su casual confesión que esa misma noche, después de volver a casa, decidí contactarlo. No le pedí su ayuda, sino su historia.

“Yo no soy veterinario”, advierte Rosso, un médico cirujano que desde hace 23 años trata enfermedades inmunes, como la artritis y la diabetes, sin recurrir a fármacos. Dentro de su larga trayectoria profesional, Rosso ha estado muy ligado a la medicina deportiva, siendo durante 12 años médico de campo del club Bolívar. 

El consultorio médico en el que Rosso diariamente atiende a personas con enfermedades autoinmunes y lesiones severas se convierte durante algunos fines de semana en un refugio de esperanza para perros con cáncer, con los cuales se topa espontáneamente durante sus recorridos citadinos.

 Tres meses después de la terapia, el tumor había desaparecido por completo.

La constante formación que ha ido adquiriendo Rosso en torno a las diferentes ramas de la medicina, su experiencia en ese ámbito y su autoaprendizaje sobre la fisiología canina convergieron en una labor filantrópica que ayuda a los más fieles compañeros del ser humano a tratar de superar el cáncer mediante una terapia basada en los principios de la naturaleza.

Aunque no hay espacio para la  duda, Rosso es amante de los animales. Si bien ahora las circunstancias no se lo permiten, siempre ha compartido sus hazañas con perros, muchos de los cuales han dejado “huellas muy duras” en su vida y han “marcado” su historia. Todo comienza con su adorable Tyson, ya fallecido. 

“A uno de mis perritos le sacaron un pterigion del ojo. Tras la operación, que era sencilla, la situación de mi perro se complicó a tal punto que casi se me muere. Mi perrito no podía comer ni hacer sus funciones biológicas de forma normal. Recorrí la mayor parte de las veterinarias de La Paz y ninguna me solucionaba el problema”, cuenta Rosso sobre el inicio de esta generosa historia.

 Un perro es evaluado por el doctor Rosso.

Como médico, en esa ocasión Rosso había llegado a la conclusión de que el exceso de anestesia fue lo que paralizó el intestino de su perro. Si bien la fisiología del ser humano y los animales es diferente, para él era una deducción “muy lógica” y, aunque no es su especialidad, después de haber compartido su vida con muchos de estos animales, “uno como médico también se orienta”, asegura.

“Fue a partir de ese momento que empecé de forma personal a leer por mi cuenta. En esa ocasión, fui donde la responsable de Animales SOS, Susana del Carpio, quien me dio la razón. Ella hizo una vía para aplicarle un suero con medicamentos, le puso oxígeno y de esa manera logramos salvar a mi perro. Ese hecho fue el que hizo que me pudiera sumar a esta área”, continúa relatando. 

Esto ocurrió unos 15 años atrás. Desde entonces, Rosso mantiene una relación de amistad con Del Carpio, fundadora de la ONG Animales SOS y veterinaria del Centro Canito, perteneciente a la misma organización y con el que Rosso ha estado colaborando con medicamentos para los animales de forma esporádica.

 El perro y su familiar esperan a  las puertas de la consulta de Rosso.

En mayo de este año, Rosso hizo un curso en el exterior sobre terapias inmunológicas libres de medicamentos. A su regreso, se contactó con Susana del Carpio para ver la forma de trabajar de manera mancomunada con terapias naturales en una estructura práctica y específica para animales.

Mientras tanto, Rosso recibe de manera ocasional en su consultorio a los pacientes de cuatro patas desde el mes de mayo. “Ayudar a los animales es mi hobby”, asevera el doctor, cuya solidaria labor es fruto de la casualidad. Pasar por delante de una veterinaria o ver a alguien cuyo perrito tiene algún problema o dificultad de movilidad son los disparadores que hacen que Rosso se acerque y les ofrezca su ayuda de forma voluntaria. 

“Yo no pongo anuncios. Esto sucede siempre de forma espontánea, como pasó contigo. Siempre les pregunto si conocen a alguien que tenga un perrito con cáncer y les pido que me lo pasen para ayudarlo. Nunca les cobro. Si el familiar del perrito me quiere dejar algo de aporte no es para mí, es para comprar material y utilizar en otros animales”, manifiesta Rosso.

La terapia puede durar de uno a tres meses, dependiendo del caso.

 Terapia libre de medicamentos

El tratamiento que sigue Rosso para combatir el cáncer es 100% natural, con efectos palpables desde el primer día, según cuenta. Tratan de evitar al máximo los productos vía endovenosa, los cuales emplean únicamente en casos muy severos. La tecnología láser y la cromoterapia que posee son aliadas del proceso.

“Nosotros no utilizamos quimioterapia ni ninguna de esas técnicas. Nuestros tratamientos solo son por vía oral, sin problema alguno para el perrito, ya que no tienen ningún efecto colateral”, explica Rosso. 

La terapia puede durar de uno a tres meses, dependiendo del caso. Previamente, desintoxican al animal por vía oral. Le preparan una solución con la que comienza a eliminar por orín y heces fecales sus toxinas, algo que a veces trae “pequeñas molestias”. Si bien las primeras 24 horas son las más delicadas debido al cambio que sufre el animal, cada día que pasa “es más placentera su evolución”, asegura Rosso.

En la terapia se trabaja mucho la alimentación del perro, al que se le hace un cambio de dieta basada, entre otras cosas, en la ingesta de muchos líquidos. Asimismo, trabajan a nivel de su sistema inmunológico que, según cuenta Rosso, es donde está el problema.

“Hay diferentes formas de tratar un problema. Nosotros intentamos que el perrito se haga lo antes posible de este cuadro, porque hay casos realmente desesperantes. Yo vi un pastor alemán con un tumor en el rostro bastante grande, deformado completamente. Era una situación muy particular en la cual no podíamos, teóricamente, salvar la vida. Pero insistí yo, insistió el dueño y a los cuatro meses solucionamos el problema de una forma milagrosa”, confiesa Rosso.

Una de las recomendaciones que hace el doctor a las personas que comparten su vida con estos seres es no cocinarles en ollas de aluminio ya que “es un metal pesado y es el primer cancerígeno que existe”.

Con ayuda de Susana del Carpio, Rosso logró salvar la vida de su fiel compañero hace 15 años. Hoy, la historia se repite con otros animales. Pese a que su labor tiene un costo, este médico se queda con la satisfacción que supone para él salvar una vida, abriendo así un atisbo de esperanza no solo a los perros que padecen esta enfermedad, sino también a las personas que hace tiempo perdieron la fe en la humanidad. 

“No hay palabras para poder explicar lo que significa para mí salvar una vida, pero es algo muy especial. Yo soy partidario de que en esta vida uno recibe lo que da, entonces no hay mejor satisfacción que esa. De pronto un perrito a mí me cuesta dos, tres, o un mes de fines de semana con mi familia, pero yo me privo de eso y se lo dedico a un perro”, confiesa este fortuito héroe.

“A veces va más la parte comercial que la parte humana. Hay que pelear contra eso”, concluye Rosso.

Texto de María Ortiz, para Página Siete