25 de septiembre de 2020

Dimensión desconocida: Me encontré con cerca de cien mujeres trabajando en sus cuerpos desde las 5 de la mañana

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Suelo despertar muy temprano, sentarme frente a mi máquina y comenzar a trabajar, después de una hora me dispongo a seguir mi rutina diaria.

Sin embargo, hace poco, siguiendo los consejos de una buena amiga me inscribí a un gimnasio, sólo para mujeres, yo pensé que por la hora el espacio estaría desierto. Llegué a las 6:15 de la mañana y fue como entrar a la dimensión desconocida del bienestar, había cerca de cien mujeres desde las 5 de la mañana trabajando en sus cuerpos como amazonas alistándose para la guerra.

Al comienzo sentí que entraba a un dimensión paralela porque todas se mostraron amables, empáticas conmigo y muy reales. El sonido, los gritos de ánimo y algunos muy parecidos al “haka” me motivaron a seguir y, obviamente, no podía dejar que mi orgullo femenino se quede atrás.

Los efectos los sintió mi cuerpo al día siguiente, me dolía hasta el pelo, pero reuní valor y volví. Cumplí el periodo asignado y ahora estoy en una pausa navideña y caminando de forma diaria, pero en enero prometo volver a sumarme al ejército de amazonas.

¿Por qué quiero volver? Porque vi que estas mujeres que se entrenan cada mañana de forma rigurosa, además de aprender a cuidar lo que consumen, son damas reales y varias de ellas cuentan que comenzaron por estética y cuando entraron a la dimensión desconocida del bienestar, encontraron cambios positivos en sus vidas; se sienten de mejor ánimo, tienen una piel más bonita (comen menos cosas dañinas que el resto de los mortales), trabajan sus cuerpos, se muestran de mejor de humor, eliminan el estrés y son felices haciendo lo que quieren y dedicándose una hora completa para ellas. Espero entrar otra vez a esa dimensión paralela, que seguro traerá novedades en el futuro.

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