A fines de febrero de 2020 visité en Holanda la casa de Ana Frank y quedé impactado con la historia de su vida y las consecuencias de la intolerancia, los prejuicios y la discriminación (Escribí un artículo al respecto: https://n9.cl/oj3b). En estos días he estado leyendo algunas opiniones en las redes sociales, comparando los sentimientos que han suscitado el encierro de la cuarentena por el COVID-19 con la experiencia de Ana Frank y realmente me ha parecido hasta ofensivo para su memoria,

Ana Frank fue, durante un total de 25 meses, forzada a esconderse para evitar la amenaza inminente de un genocidio patrocinado por el estado, hasta que la descubrieron en agosto de 1944. Nosotros llevamos más o menos 1 mes cuarentena.

Anna estuvo, junto a otras ocho personas, atrapadas dentro de un pequeño anexo que tenía aproximadamente 137 metros de espacio en el piso. Las ocho personas en este anexo no podían salir, la única forma de obtener comida era a través de unos pocos no judíos que les ayudaban. También necesitaban mantener la luz apagada para no llamar la atención y mantenerse en absoluto silencio todo el tiempo para que no los descubran.

Nosotros podemos hacer compras en el mercado, podemos tomar el sol, escuchar música. Y el estar encerrados no significa que las personas no puedan mantenerse en contacto con sus amigos y familiares. Tenemos el internet, las redes sociales y las videollamadas.

Ana Frank, con sus solo 15 años, se vio obligada a desaparecer prácticamente del mundo para evitar ser atrapadas y llevada a un campo de concentración.

La única similitud que se puede sacar es que en ambas situaciones se propaga una enfermedad mortal. En una situación nos aislamos para evitar la propagación de COVID-19 y en la otra situación las personas se escondían para evitar a los nazis que querían eliminar a toda su raza.

La muerte de Ana Frank en un campo de concentración se minimiza cuando se hacen este tipo de comparaciones.