E.T.A. Hoffman – Fundador del cuento fantástico

Compartir:

Ernest Theodor Amadeus Hoffman fue un multifacético escritor alemán de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Jurista de profesión, músico apasionado y pintor en ocasiones, fueron sus cuentos y novelas cortas los que lo convirtieron en una de las principales voces literarias de su época y en uno de los escritores más enigmáticos de la literatura universal.

Hoffman nació en lo que ahora es Kaliningrado, el punto más occidental de Rusia, pero que entonces se llamaba Konigsberg, y pertenecía al reino alemán de Prusia. Estudió derecho a disposición de su familia y vivió gran parte de su vida en Dresde y en Berlín, donde intentó desarrollar una carrera parcialmente exitosa como compositor. Sin embargo, el transcurso de las guerras napoleónicas perjudicó repetidamente su carrera musical, y acabó abandonando sus aspiraciones de vivir de la música. Es en la época inmediatamente posterior a la conclusión de las guerras napoleónicas que Hoffman comienza a publicar sus relatos, en los cuales muchas veces sus otras pasiones, como la música y la pintura, tenían gran influencia e incluso eran la temática principal de los mismos. Un ejemplo de esto es su cuento “El caballero Gluck”, en el que un compositor admirado por Hoffman es el personaje más importante de la historia, y se le aparece al protagonista, un aspirante a la música. Hoffman pasó las últimas décadas de su vida escribiendo y componiendo en Berlín, donde descubrió que padecía de sífilis y que su caso era mortal, muriendo allí a los 46 años.

Las historias de Hoffman son fantásticas y siniestras, el reflejo de una vida marcada por la frustración, la guerra y la enfermedad, y abarcan desde temáticas universales, como la muerte y la enfermedad mental, hasta novedades filosóficas y tecnológicas de su época como la hipnosis y los autómatas. Sin embargo, los dos conceptos que más impregnan y definen su obra son la dualidad y la fantasía. Hoffman entendía la vida como una dualidad entre el mundo real exterior y el mundo subjetivo interior; en sus relatos las tribulaciones internas de las mentes de sus protagonistas acaban teniendo consecuencias verdaderas e irreversibles en el mundo real. El elemento fantástico, por su lado, es el que une estos dos mundos, el interno y el externo, y, aunque sus protagonistas quizás no lo entiendan al principio, finalmente es lo fantástico lo que les da sentido a ambos y los hace uno. En sus cuentos, el mundo exterior adquiere características fantásticas que a veces son reflejos de lo que sucede en el interior de las mentes y almas de sus personajes, y muchas veces el lector no sabe si lo narrado sucede en verdad o si es sólo un producto de la imaginación del protagonista. El mejor ejemplo de esto es “El caldero de oro”, el cuento más celebrado de Hoffman. En él, un joven estudiante llamado Anselmo comienza a ver pequeñas serpientes doradas, que le hablan desde los árboles y le cantan historias que él no comprende, y piensa que se está volviendo loco. No es hasta que consigue trabajo con un archivero y amigo de su familia que Anselmo logra entender a qué se debían esas extrañas visiones; El archivero le revela que en realidad es un espíritu que proviene de la ciudad perdida de la Atlántida, pero que fue expulsado de ella y obligado a vivir en la tierra junto con sus hijas, las serpientes doradas.

Lo fantástico en las obras de Hoffman es algo que tiene gradientes, es decir que el elemento fantástico en sus relatos es casi siempre complementado por otros elementos como el horror, la intriga y la enfermedad. Algunos de sus relatos son fantásticos a la manera de los cuentos de hadas, es decir, presentan mundos mitológicos o maravillosos a los que los personajes están unidos, a veces sin saberlo, si bien por lo general este mundo maravilloso usualmente está incorporado en el mundo real, o viceversa. Pero en la mayor parte de sus cuentos lo fantástico va acompañado de lo siniestro, el horror y la inquietud, lo que lo hace de cierta forma más realista. Un gran ejemplo de esto es el que en lo personal considero su mejor cuento, “El hombre de arena”. Este cuento revela, a través de una serie de cartas escritas por los personajes, la historia de Nathaniel, empezando por cuando era niño y sus padres le contaban la historia de un hombre que por las noches tiraba arena en los ojos de los niños que no dormían. Nathaniel asocia al hombre de arena con un misterioso amigo de su padre, así que una noche decide quedarse despierto para observarlo, mientras éste y su padre realizan lo que parecen ser experimentos alquímicos. El “hombre de arena”, sin embargo, lo descubre, y estaba a punto de quitarle los ojos cuando su padre lo convence de que lo perdone; el hombre de arena lo golpea y lo deja gravemente herido, sin que su padre pueda hacer nada. Un tiempo después, su padre muere en una explosión en la que también el hombre de arena estaba involucrado, y éste desaparece sin dejar rastro. Años después, Nathaniel conoce a un vendedor de lentes y aparatos ópticos con un nombre similar al del hombre de arena, y sospecha que se trata de la misma persona, pero un profesor suyo y amigo del vendedor de lentes lo convence de que no es el caso. Este profesor tiene una hija, de la que Nathaniel se enamora a pesar de su actitud fría y mecánica, pero pronto descubre que su hija es en realidad un autómata, que fue construido por el profesor y por su amigo, quien resulta ser el hombre de arena después de todo. Estos destruyen el autómata peleando por quedárselo, y estos eventos provocan en Nathaniel un episodio psicótico, por lo que es internado en una institución mental. Años después, Nathaniel está ya recuperado, y, de vuelta en su pueblo natal, se encuentra con su amada, de quien se había distanciado a causa de los eventos anteriores. Una tarde en la que ambos pasean por el pueblo y suben a un campanario, Nathaniel distingue al hombre de arena entre la multitud, y esto le trae de vuelta los horribles recuerdos de la infancia y del pasado, y con la razón nublada, salta desde el campanario hacia su muerte.

Hoffman es esencialmente el fundador del cuento fantástico. Hasta su época, la fantasía era un territorio reservado a las épicas y los cantos de gesta, pero Hoffman la introdujo en la literatura corriente, es decir en los cuentos y en las novelas, dando paso a la creación de nuevos movimientos literarios que harían de lo fantástico un reflejo del mundo interno de los personajes, y que lo incorporarían al mundo real, renovando así el modo en que entendemos la literatura. Y sin embargo Hoffman no es tenido en cuenta con frecuencia hoy en día como uno de los autores esenciales de la literatura universal. A pesar de esto, sus obras han tenido un gran impacto en la cultura popular, como ejemplifica el hecho de “El cascanueces”, uno de los ballets más populares y queridos de la historia, este basado en una de sus historias. Si bien el nombre de Hoffman no aparece con frecuencia junto al de Goethe o Víctor Hugo, sus historias han tenido y siguen teniendo un gran impacto en la literatura y en nuestro imaginario colectivo, reflejando una visión fantástica del mundo que cambió para siempre nuestra manera de entender la literatura.

Deja un comentario