Como el médico que receta a su paciente un fármaco, el librero empeña toda su astucia y dedicación en guiar al lector hacia el volumen que lo acompañará, una tarea no menor en tiempos de lectura como vía de escape esencial.

Por ello, y pese a las dificultades que este 2020 de pandemia trae consigo, el Centro Cultural de España (CCE) en Montevideo no deja pasar este viernes su oportunidad de celebrar por cuarta vez la Noche de las Librerías, una iniciativa popular que este año busca propiciar el necesario reencuentro entre libreros y lectores.

Como expresa a Efe la nueva directora del CCE, Pilar Sánchez Llorente, si bien estuvo en duda celebrar el evento, ya que su convocatoria suele ser numerosa, la «emergencia literaria» que la covid-19 supuso motivó a que se mantuviera en apoyo al sector.

A lo que enfatiza que, como «mediadores» entre las editoriales y los lectores, los libreros juegan un rol clave, Sánchez, que asumió la dirección del centro en abril si bien está recién llegada a Uruguay, espera que la actividad, de la que participan este año unas 60 librerías, sea nuevamente un incentivo.

«Estamos ya en la puerta de las vacaciones y mucha gente compra los libros que va a leer. Algunas librerías, las más pequeñitas, viven gracias a las ventas que hacen en la Noche de las Librerías y es algo que nos llena de orgullo», puntualiza.

PASAR LA PÁGINA

Desde el 13 de marzo, cuando se decretó la emergencia sanitaria en Uruguay por la covid-19, han sido muchos los sectores que sintieron el impacto de la crisis y las librerías no son una excepción.

Como asegura a Efe Ruben Forni, propietario de una de las librerías más populares de Montevideo, Puro Verso, la situación no fue fácil para su negocio, que tiene una gran sucursal en un edificio histórico de la Ciudad Vieja de Montevideo.

Si bien la librería es visitada por muchos uruguayos, Forni asegura que los turistas, principalmente argentinos, brasileños, estadounidenses y europeos, constituyen una clientela «muy importante» que dejó de llegar con el cierre de fronteras, por lo que «sufrió mucho» su falta.

Distinto es el caso de Vanessa Dubarry, que abrió las puertas de Guyunusa en febrero, por lo que tuvo que adaptarse rápidamente a la nueva realidad.

Si bien unos pocos se acercaron a la nueva librería, ubicada en la calle Tristán Narvaja -reconocida por su feria dominical y por su ambiente universitario-, la librera opina que las redes sociales y los envíos fueron clave para subsistir.

Por su parte, el director de la librería Escaramuza, Alejandro Lagazeta, dice que si bien el parón en principio fue «chocante», la tecnología fue un aliado para mantener el negocio.

«Teníamos avanzados algunos desarrollos tecnológicos para la entrega a domicilio en el día (…), por suerte tenemos un público que nos quiere, la gente empezó a dejar de venir radicalmente y a pedirnos que pudiéramos llevar a la casa los libros a través de la plataforma web», acota.

UNA NOCHE ESPECIAL

Surgida en 2017 por iniciativa del CCE con el fin de «visibilizar las librerías uruguayas como patrimonio e identidad del país», la Noche de las Librerías es, tres ediciones después, una cita especial para los libreros tanto de Montevideo como del interior uruguayo.

Virginia Bulanti, dueña de Posta del Libro en la ciudad de Paysandú (noroeste), enfatiza que, al ser un momento dedicado solo a las librerías, es «su noche de fiesta».

Si bien este año no quiso hacerlo para evitar aglomeraciones, Bulanti pide usualmente cortar la calle de su librería y organiza una feria con varias actividades.

Por otro lado, para esta edición, más allá de los descuentos, las actividades de las librerías, tanto de Montevideo y Paysandú como de otros departamentos (provincias), abarcan firma de autores, lecturas, presentaciones de libros y conversatorios.

En el caso de Puro Verso hay oferta gastronómica con bebidas y comida, mientras que Guyunusa cuenta con charlas de autores y un espectáculo musical y Escaramuza apuesta a lo «trasmedia» con una experiencia virtual en torno a 12 autores nacionales.

LIBREROS Y LECTORES

Después de un largo período sin interacciones cara a cara, los libreros en Uruguay, un país pequeño pero que, como destaca la directora del CCE, tiene «tantísimas librerías y editoriales», apuestan a que la interacción, corazón de su oficio, no se pierda.

Para el librero de Puro Verso Diego Quiles es justamente en «la recomendación y el contacto constante con la persona» que el vendedor hace su trabajo.

En ese sentido, si bien apunta que las redes son importantes, recalca que el contacto directo es clave, ya que el libro «no es ropa» sino «algo muy personal y muy íntimo».

Por su parte, Bulanti resalta, con una mirada optimista, que la pandemia la desafió a buscar alternativas para las novedades que no llegaban y así, metida en su librería, reencontrarse con su oficio.

Similar es la postura de Dubarry, que anima a celebrar «el libro» acercándose a esta iniciativa para tener un respiro respetando medidas de precaución como usar mascarilla y mantener distancia.

«La idea es que sea tiempo reducido para evitar aglomeración de gente (…) vamos a intentar cuidar todo eso pero seguir siempre apostando a la cultura que ha demostrado ser bastante resiliente en estas épocas», concluye.