La historia del oficial Drogo nos enseña que las mayores batallas no se libran contra el futuro incierto, sino contra el presente despiadado.

“El desierto de los tártaros” es una novela del escritor y periodista italiano Dino Buzzati. Desde su aparición en 1940, en el alba de la segunda guerra mundial, esta corta pero intrigante novela ha despertado una gran fascinación entre sus lectores, y diversas interpretaciones entre sus críticos.

La historia nos narra la vida de Giovanni Drogo, un oficial del ejército en un país o reino no especificado. Pero el verdadero protagonista es la fortaleza a la que este oficial es destinado, una fortaleza olvidada y descuidada cuyos habitantes tienen dos tareas: mantener una presencia y defender la frontera ante cualquier posible ataque de las tribus bárbaras que habitan el desierto del norte. En la solitaria fortaleza, cada día trae nuevos rumores de posibles redadas, o incluso posibles ataques, rumores que a veces son exagerados, contradictorios o confusos, pero que siempre son inciertos. Para Drogo, que inicialmente solo debía quedarse unos meses en aquel páramo desolado, la posibilidad de un gran ataque bárbaro se convierte en una obsesión, y cuando los pocos amigos que tiene abandonan uno a uno la triste fortaleza, éste decide quedarse, sacrificando la mejor parte de su juventud y adultez temprana con el objetivo de estar presente cuando el gran ataque suceda, si es que sucede.

La espera y la incertidumbre sobre las que descansa el argumento de la historia, son esencialmente una metáfora o una alegoría de la importancia desmesurada que le damos a los momentos “claves” de la vida. El oficial Giovanni Drogo ve en el deber de defender la fortaleza su propia posibilidad de realización personal, y lo entiende como la misión de su vida. Pero en el proceso sacrifica todas las amistades y pasiones que antes lo hacían feliz, cegado como está por la espera de su gran momento. Cuando, después de convertirse en la máxima autoridad en la fortaleza, y después de décadas de vigilancia constante en el desierto, el ataque bárbaro se cierne finalmente sobre la olvidada fortaleza, Drogo es destituido por una orden del estado mayor, que llegó con refuerzos ante la inminente agresión. Viejo y debilitado por tantos años de servicio y de incertidumbre, Drogo es sacado a la fuerza de la fortaleza, perdiéndose así el momento que esperó toda su vida.

El desierto de los tártaros ha tenido una gran influencia en la literatura posterior, de la cual el mejor ejemplo es sin duda la novela “esperando a los bárbaros” del premio nobel de literatura sudafricano J.M. Coetze, cuya inspiración en ella es notable. De igual manera, Jorge Luis Borges elogió la novela y escribió un prólogo a la edición en español. El triste final del oficial Drogo es una gran alegoría de la vida que podemos perder si esperamos un momento específico para vivirla, y nos enseña que las mayores batallas no se libran contra el futuro incierto, sino contra el presente despiadado.