El software ruso de Bs 6 millones de ENDE espiaba hasta WhatsApp

Foto de geralt
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Estaba automatizado para ingresar a los grupos de chats. Agetic pide que se investigue a otras estatales. Adelantan que hubo injerencia política para adquirirla

La empresa estatal ENDE Tecnologías adquirió un software ruso a mediados de 2019 que permitía no solo medir el impacto de las actividades de sus empresas filiales, como se lo tenía planificado, sino que fue comprada para fines políticos, ya que la herramienta era capaz de ingresar a los grupos de WhatsApp.

La denuncia de Gustavo Koch, actual gerente general de la subsidiaria, señalaba el daño económico al Estado de Bs 6.057,541 (Bs 3,9 millones solo en el costo del sistema de monitoreo), pero Carlos Olivera, director de la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (Agetic), que lleva también este proceso de investigación, suministró más detalles técnicos sobre el uso específico del software.

“Inclusive permite contestar. Uno puede ‘loguearse’ con una cuenta y puede contestar a los post. También puede ingresar a grupos de WhatsApp y Telegram. Obviamente, tenía que ingresar al grupo un número, como si fuera una persona, pero esto era automatizado, no era que alguien estaba usando ese número”, explicó Olivera.

Además de esta herramienta de mensajería, el software ruso realizaba reportes de palabras claves en otras redes sociales, como Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Esta herramienta funciona de la siguiente manera. Mientras en el tiempo real se van publicando palabras, que ya han sido guardadas como filtros, va sacando cuáles son las publicaciones más recientes sobre las mismas, en qué grupos se dan, en qué red y quiénes son los usuarios comentando. “Fácilmente pueden irse hasta el perfil de la persona que hizo el comentario y lanzó el post, puede ver qué tanta viralidad tuvo, se pueden guardar y filtrar ciertos usuarios”, añadió.

Ante esta figura, el director de Agetic pide que se amplíe la investigación a otras entidades como Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, Entel, Boliviana de Aviación, entre otras. “Pueden tener el software que aparentemente lo han comprado legal, pero que le han dado este tipo de usos”, explicó.

‘Injerencia política’

Consultado sobre quién dio la orden para la compra del software, el gerente general de ENDE Tecnologías, Gustavo Koch, informó que por el costo que ha involucrado la compra que estaba sobredimensionada, se necesitaba una autorización del directorio.

“Estamos indagando una serie de memorándums y documentación y hemos podido evidenciar que hubo reuniones entre todas las gerencias de ENDE Corporación, donde se comenta que, inclusive, un ministro ha instruido (la compra), pero no tenemos la certeza escrita ni afirmada de que en una reunión se hace mención a una instrucción. Sabemos que hubo una influencia de parte del anterior Gobierno”, indicó.

Arturo Murillo, ministro de Gobierno, ratificó que existió una injerencia política para la compra de este software que, entre sus palabras filtradas para la búsqueda estaban Evo Morales, Carlos Mesa, Zapata, SOSChiquitania, fraude, elecciones, entre otras que incomodaban al Gobierno.

“Esperemos que tengan toda la información, seguramente ahí va a estar el acta de reunión del directorio que hubo en su momento y ahí estará establecido la orden de quién instruyó la compra de esos softwares que tenían otro destino”, dijo Rodrigo Guzmán, ministro de Energía.

Siguió funcionando

El último reporte que se tiene de la utilización de la herramienta rusa data del 1 de febrero. El permiso para su utilización era por un año, es decir, de junio de 2019 a junio de 2020. “Sigue en vigencia, pero hemos pedido a la empresa rusa que nos cambien los usuarios y las contraseñas de las 80 licencias para tomar el control y asegurarnos de que nadie más pueda seguir utilizando”, añadió Koch.

El ejecutivo de ENDE Tecnologías adelantó que se encuentran en una fase de investigación para saber de qué IP o computadoras se estuvieron utilizando, incluso, no solo desde la estatal.

Texto de Aida Zuazo para El Deber