El verdadero significado de lo “Orwelliano”

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Orwell creó historias para transmitir un mensaje inquebrantablemente fundamentado en la devoción a la libertad y un ferviente rechazo al totalitarismo

Actualmente, más de un tercio de la población mundial vive bajo alguna forma de autoritarismo. Es cierto que definir exactamente una dictadura tiene sus complicaciones, pues cada gobierno es único a su manera y hay regímenes que, si bien no son activamente despóticos, llevan a cabo sutilmente políticas autoritarias. Sin embargo, está cada vez más claro que el autoritarismo ha cobrado fuerza en las últimas décadas, y que la tendencia de los gobiernos alrededor del mundo es alarmantemente cada vez más dictatorial. Esta tendencia no es difícil de ver, con los regímenes en China, Rusia, Corea del norte Y Siria, entre muchos otros, ejerciendo una importante influencia en el panorama sociopolítico global actual.

El ascenso de esta ola de gobiernos autoritarios ha traído al centro de atención una expresión que es parte de nuestro vocabulario colectivo. Se trata del término “Orwelliano”, uno de los términos esenciales que nos dejó el siglo XX y que ha cobrado importancia nuevamente en nuestros tiempos. Esta expresión se refiere al escritor y ensayista inglés George Orwell, cuyo verdadero nombre era Eric Blair, y cuya fama se debe principalmente a dos novelas, “Rebelión en la granja” y “1984”. Rebelión en la granja, la historia de unos animales que expulsan a sus amos humanos y ponen fin a su tortura, para luego asimilar poco a poco las costumbres de sus antiguos opresores y convertirse finalmente en lo que más odiaban, es fundamentalmente una crítica y parodia del triste destino de la revolución rusa de 1917, que en su momento entusiasmó a muchos idealistas alrededor del mundo, pero que a fuerza de purgas y de hambrunas, colapsó bajo su propio peso. Por su lado, “1984”, nos muestra un mundo en el que la libertad individual no existe, en el que uno no puede tener la certeza de que se está siendo espiado en un momento dado, pero sabe con seguridad que puede estar siendo espiado en cualquier momento. Un mundo en el que incluso los pensamientos y el lenguaje que usamos son controlados por un régimen que lleva la censura y el autoritarismo a sus últimas consecuencias.

La caída en desgracia de los animales en “Rebelión en la granja” y, sobre todo, el futuro siniestro del que nos advierte “1984”, llevó a que se asocie el nombre de Orwell con las medidas represivas que caracterizan sus novelas. Entenderlo así es, sin embargo, hacerle una injusticia al legado de su obra, pues esta es en esencia una crítica precisamente contra cualquier forma de autoritarismo, es decir, eso con lo que su nombre es asociado. Orwell estuvo expuesto tanto al comunismo ruso como al fascismo alemán e italiano cuando peleó en el bando republicano durante la guerra civil española, y renegó de ambos, viendo lo alarmantemente similares que eran en sus políticas totalitarias y deshumanizantes. Escribió al respecto: “La guerra civil española y otros sucesos acaecidos entre 1936 y 1937 cambiaron las tornas y a partir de entonces supe a qué atenerme. Hasta la última línea que he escrito desde 1936 la he escrito, directa o indirectamente, contra el totalitarismo”

El título de un famoso grabado de Goya reza: “El sueño de la razón produce monstruos”. Orwell creó historias para despertar nuestra mente y sacarla de ese sueño, de ese letargo intelectual que facilita el advenimiento del despotismo, y utilizó esas historias para transmitir un mensaje inquebrantablemente fundamentado en la devoción a la libertad y un ferviente rechazo al totalitarismo. Si bien su nombre es asociado hoy en día con aquello que en su obra se esforzó por denunciar y combatir, el mensaje que ésta contiene es claro y tiene una gran importancia para el mundo en el que vivimos hoy. La lucha por la libertad es la misma en cualquier momento y en cualquier lugar, y las novelas y ensayos de Orwell nos recuerdan que ante la deshumanización del totalitarismo siempre va a estar presente el deseo Profundamente humano –y, sobre todo, profundamente Orwelliano- de vivir en libertad.

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