A través del lenguaje poético con el que se presentan eventos e imágenes de ensueño, pero ambientadas en la monótona y triste vida rural, una pequeña aldea y sus alrededores se convierten en el escenario de una historia marcada por la tristeza y la nostalgia, pero también por un esperanzador deseo de encontrar momentos de alegría en las pequeñas cosas.

“En tierras bajas” es el nombre del primer libro publicado por la escritora rumano-alemana Herta Müller, y la obra que dio inicio a su carrera literaria, por la que recibió el premio nobel de literatura en 2009.

Se trata de una obra compuesta por varios relatos, la mayoría cortos, aunque algunos bastante extensos, que no siguen ningún orden cronológico y que están narrados por una niña que vive en una aldea rural de la región rumana del Bánato. Escrita y publicada en la época en la que el comunismo dominaba la Rumania natal de la autora, al igual que gran parte de Europa central y del este, los relatos que conforman esta obra son en esencia una crónica de la infancia de la autora, pero en ellos hay una crítica subyacente y constante del régimen de Nicolae Ceausescu.

A demás de ser una crítica al régimen comunista, estos relatos también ilustran y critican las dificultades de la vida rural en Rumania, y los problemas sociales inherentes en las costumbres y el estilo de vida tradicional rumano de la época. Al ser la protagonista una niña, la relación de la mujer con su familia y la sociedad juegan un rol importante en los relatos, y forma parte de la más amplia temática de alienación y enajenación que el libro intenta reflejar. Esta alienación, esa distancia, tanto física como psicológica, está ejemplificada tanto en la relación de las personas con su familia y su entorno social (en este caso la niña que narra los relatos), como en el del individuo con el estado. De cierta forma, estos dos tipos de interacciones son parte de la misma dinámica, una dinámica de represión permanente en la que el oprimido nunca se defiende ya sea por miedo, por respeto o por costumbre, y que impregna cada aspecto de la vida en la pequeña aldea, en apariencia muy pacífica.

El lenguaje de la obra le da una dimensión nueva y diferente a lo que de otra manera sería simplemente la triste y nostálgica crónica de una infancia rural. Quizás porque está narrado desde la siempre efímera y volátil perspectiva infantil, o porque se trate de una manera de darle un sentido al sufrimiento y a las dificultades, las historias de este libro están llenas de imágenes surreales, oníricas y fantasiosas, que dan la sensación de estar experimentando un sueño agridulce, y que recuerdan en muchos aspectos al realismo mágico. A través del lenguaje poético y onírico con el que se presentan eventos e imágenes de ensueño, pero ambientadas en la monótona y triste vida rural, la pequeña aldea y sus alrededores se convierten en el escenario de una historia marcada por la tristeza, la nostalgia, los conflictos familiares, la alienación social, y la opresión permanente, pero también por una mágica visión de la vida a la que la infancia nos permite acceder, un amor por su tierra natal y un esperanzador deseo de encontrar momentos de alegría en las pequeñas cosas.

“En tierras bajas” fue, naturalmente, censurado en Rumania, y los problemas que esto le causó a la autora desembocaron en su exilio en Alemania. Pero pocos años después de su publicación (el libro fue publicado en 1984), llegó la caída del comunismo en Europa, y con ella la transición a un gobierno democrático en Rumania. “En tierras bajas” es el testimonio de que las situaciones más adversas, como una infancia con un gobierno y una familia opresivas, pueden dar lugar a obras hermosas como esta. Pero sobre todo es un testimonio del espíritu ávido de encontrarle un lado fantástico a la vida, y que se da cuenta de que éste puede estar escondido en cualquier pequeño detalle