¿Está sobrevalorada la democracia?

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Bolivia está pasando por una época convulsa y agitada tanto política como socialmente en la víspera de las elecciones presidenciales. Esto ha causado que una gran parte de la población se replantee y reconsidere muchos temas que afectan a la sociedad. Uno de estos está siempre presente en el trasfondo social y político del país, y de cualquier país en realidad, y a pesar de que es de cierta forma el más importante, es también el menos analizado. Es la democracia.

Estamos acostumbrados a pensar en la democracia como un método perfecto, porque garantiza al pueblo la soberanía de los asuntos del pueblo, le da una elección y le deja escoger la mejor opción. Pero la verdad es que la democracia no es perfecta, y cuando se habla de ella casi nunca se toma en cuenta un aspecto que debería ser inseparable de la idea de la democracia: La educación.

Ningún sistema político o social puede prosperar cuando no está acompañado de la capacidad de juicio que otorgan la educación y el conocimiento, y esto es especialmente cierto en la democracia, en la que el pueblo tiene el poder.

Sócrates, el padre fundador del pensamiento filosófico occidental, era muy reticente hacia la democracia, y comparaba la sociedad democrática con un barco que navega por el mar. ¿A quién querríamos como capitán del barco?, dice Sócrates, ¿Simplemente a cualquier persona, o alguien que esté educado en el oficio de navegar?

El problema con la democracia, según Sócrates, es que le damos a la gente el derecho de conducir el barco simplemente por ser parte de la tripulación, y no por tener la destreza y el conocimiento de un navegante.

Para que la democracia beneficie al pueblo, el pueblo tiene que estar educado para la democracia, y ésta a su vez solo va a ser tan eficiente como el sistema de educación que rodee a su sociedad. Es muy fácil votar por alguien que explota nuestro deseo escuchar respuestas sencillas y satisfactorias a nuestras inquietudes sociales cuando no se tienen el juicio y la educación necesarias.

El problema que esto presenta es, ¿cómo medir el conocimiento?, ¿cómo medir la educación de una persona para definir si es un votante apto?

Quizás no exista una respuesta satisfactoria para esta pregunta, pero el pueblo boliviano necesita votantes informados y educados si queremos que cualquier elección en general, y las próximas elecciones en particular, sean de algún beneficio para el país. Necesitamos navegantes aptos y competentes para que nuestro barco no se hunda.

2 pensamientos sobre “¿Está sobrevalorada la democracia?

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