Estudiantes fabrican sillas de ruedas y prótesis a 20 mascotas minusválidas

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Para celebrar el acontecimiento, la universidad organizó un desfile ‘pet friendly’, en el que los animalitos hicieron pasarela gracias a sus equipos. Este plan piloto originó una demanda de servicio a escala nacional

Santorini (macho) y Praga (hembra), caniches de la talla cero, lucieron sus mejores galas ayer en un desfile de mascotas con discapacidad realizado en la UPSA para mostrar un proyecto de estudiantes de la carrera de Diseño Industrial, que han fabricado prótesis y sillas de ruedas especiales para estos animalitos.

Santorini vestía traje y corbata, mientras que Praga lucía un vestido, pero lo más llamativo eran las prótesis que por primera vez llevaban puestas para movilizarse, pues ambos no pueden caminar por sí solos al haber nacido con cierto tipo de invalidez física.

El más contento era Santorini, que padece de una enfermedad mental que lo hace trastabillar y caer cuando intenta caminar. Se adaptó fácilmente a su andador, en el que avanzó impulsándose con las patas traseras, para el júbilo de su ama, Viviana Soliz.

En cambio, para Praga fue una experiencia rara y hasta incómoda, pues desde su nacimiento, hace dos años y medio, se había acostumbrado a caminar a brincos sin su pata derecha.

“Desde el momento en que le ensayaron el burrito (andador) le encantó y se ve que se acostumbrará rápido al equipo y a su pechera hecha a su medida. Sin duda que mejorará su calidad de vida. Praga tendrá que acostumbrarse a su prótesis, que es algo nuevo para ella, pues aprendió a equilibrarse con sus tres patas para caminar y para hacer sus necesidades. A raíz del esfuerzo que hace, se le ha desviado la columna, por lo que es imperativo que aprenda a caminar con su prótesis”, dijo Viviana Soliz.

Trabajo arduo y gratificante

Federico Escóbar, docente de la carrera de Diseño Industrial en la UPSA, explicó que la iniciativa nació por la falta de un lugar de ventas de estos productos pese a la considerable demanda local.

Recuerda que una señora le pidió que diseñara una prótesis para su perrita Pitufina, a la que le fabricó una y le resolvió el problema de la inmovilidad. Desde entonces recibió más pedidos y, al verse desbordado, pensó en involucrar a sus estudiantes en el emprendimiento.

“Aparecieron más personas que querían este tipo de productos y tomé la decisión de aplicarlo como un ejercicio para la materia que dicto en Diseño Industrial. Los estudiantes se ven engancharon con el proyecto y cada uno se hizo cargo de la fabricación de los equipos de las mascotas seleccionadas”, manifestó Escóbar.

Se han diseñado prótesis, sillas de ruedas y en algunos productos mixtos entre una prótesis con rueda. Los estudiantes han tenido que entrevistar a los usuarios, conocer a las mascotas a fondo, tomar las medidas muy detalladas de la antropometría de los animales, luego han fabricado maquetas, en algunos casos, para imprimirlas en 3D o mandarlas a hacer en talleres.

“Es un proyecto de exploración ya que tuvimos un previo estudio básico de anatomía veterinaria, adaptarnos a las necesidades de los animales, a los tamaños, a las personalidades de cada uno de ellos, para mejorar la calidad de vida de las mascotas. En mi caso, hice una silla de ruedas para una perrita que perdió sus patas traseras”, indicó el estudiante José Manuel Sardán.

“Se trata de ayudar y aprender, porque nos enfocamos en animalitos que no tuvieron oportunidad de volver a caminar. En Bolivia no hay un lugar donde hagan prótesis para animales. En mi caso, me tocó un perro llamado Suertudo, que fue rescatado por una señora. Le hicieron prótesis en Argentina y le cobraron $us 600 y no le funcionó. Suertudo tiene deficiencias en las cuatro patas, por lo que le he fabricado dos prótesis”, señaló Carlos Francisco Villarpando, del quinto semestre de Diseño Industrial.

Proyecto en expansión

María Hernani se mostró agradecida con los alumnos de la UPSA, pues ayer le entregaron de forma gratuita una prótesis para su gatita ‘Bebé’, que es cuadrapléjica. “Los gatos son más complicados, puede ser que Bebé no acepte su andador, pero tengo que acostumbrarla”, manifestó Hernani.

El docente Escóbar ve que la iniciativa tiende a crecer, pues ha recibido llamadas de personas de Beni, Cochabamba y La Paz, preguntando por los diseños. “Estimamos que por lo menos dos o tres veces al año se pueden desarrollar estos productos para aportar a nuestra comunidad con nuestro granito de arena”, indicó Escóbar, dejando en el aire la posibilidad de una futura comercialización.

Artículo extraído del diario El Deber – Bolivia