Por acoso escolar se entiende cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico, que se produce entre escolares, de manera reiterada, por cierto tiempo determinado. A diferencia de lo que son las bromas y los chistes habituales, el acoso es una especie de tortura sistemática a la que el niño o joven agresor somete a otro niño, colocado en el papel de víctima. Esta acción metódica generalmente se perpetúa gracias al silencio y la complicidad de los compañeros.

Los profesores Iñaki Piñuel y Zabala han descrito ocho modalidades de acoso escolar: Bloqueo social (acciones que rompen la red social del niño produciendo el aislamiento y la marginación); el hostigamiento (desprecio, falta de respeto, humillación a la dignidad del niño); la manipulación social (inducir el rechazo del niño distorsionando negativamente su imagen frente a los demás); la coacción (hacer que la víctima haga cosas contrarias a lo que quiere y normalmente haría, como aceptar vejaciones, abusos físicos o conductas sexuales no deseadas, calladas por miedo a represalias contra sí mismos o contra los hermanos); la exclusión social (impedir su participación en grupos, deportes, actividades, con el “vos no ”); la intimidación (amenazar, intimidar con causar un daño a la salida del colegio);y la amenaza a la integridad física (promesas de lastimar, herir, matar), que por el fenómeno de las pandillas en nuestro país, en muchos casos sí se ejecutan, hiriendo o asesinando a los jóvenes o a miembros de su familia, hasta en sus propias casas.

El acoso escolar (conocido por la palabra en inglés “bullying”), ha existido en los colegios desde siempre. Los abusivos o los matones, siempre han estado ahí.  Niños violentos que descubren y/o crean la vulnerabilidad de otros y los someten a muchos tipos de abuso. Además de las consecuencias físicas en casos de violencia grave como los mencionados arriba, estas conductas tienen graves consecuencias emocionales para los niños y los adolescentes. Los psicólogos que atendemos población infanto-juvenil recibimos muchos casos de trastornos depresivos, angustia y conductas autodestructivas (cortarse, intentos de suicidio), a causa de la violencia sufrida en los colegios por parte de compañeros que actúan sin ningún tipo de control efectivo. Como podemos encontrar en la página www.vocesvitales.blogspot.com, en nuestro país, los niveles de violencia escolar son graves.

A todo el panorama anterior, la tecnología añade una plataforma adicional desde la cual acosar. Cada vez más, el acoso no se da sólo en vivo y directo, en el colegio, sino a través de los grupos de whatsapp, Facebook, Twitter y otras redes virtuales. La antigua recomendación de “No hagas caso si te molestan”, funciona en el tema de burlas o chistes sanos, pero jamás funcionó en el tema del acoso, mucho menos ahora. Los insultos y las burlas se viralizan en las redes, quedan permanentemente ahí y alcanzan a miles de chicos en un par de horas. El acoso escolar cibernético consiste en usar la tecnología para insultar, amenazar, humillar, avergonzar o criticar a otra persona. En estas plataformas, el abuso puede venir en forma de mensajes de texto crueles, violentos, malintencionados, puede tratarse de compartir información personal, fotos o videos que avergüencen al estudiante, suplantar identidades y mandar mensajes inadecuados, crear páginas web para denigrar e insultar. Conforme más y más chicos accedan a teléfonos inteligentes, es probable que aumente la incidencia del cíberacoso, aunque claramente, el problema no es la tecnología en sí misma, sino el uso que se hace de ella.

Muchos de los chicos que sufren cíberacoso no quieren hablar con sus padres ni con los profesores, porque temen mayor rechazo social si hay quejas o temen que se les prohíba en casa el acceso a sus teléfonos.

Algunas de las conductas o situaciones que podrían ser señales de que su alumno sufre de ciberacoso son: desagrado emocional durante el uso de su teléfono o del internet, secreto excesivo sobre su vida digital, alejamiento no habitual o no participación  en actividades grupales, deportivas o cívicas, bajada en su rendimiento escolar, accesos de llanto, conductas de enojo excesivo, cambios en su estado de ánimo típico o en su comportamiento.

En el ámbito escolar, es posible intervenir en dos planos, el primero es el de prevención. Educar al alumnado tanto en el manejo inteligente de la tecnología (selfies, videos, mensajes personales, borrar y no compartir contenido que pueda dañar a un compañero o compañera), como en los valores de respeto, cuidado de los demás, protocolo del colegio en casos de acoso, importancia de no permitir la violencia de algunos compañeros sobre otros. En todo caso, debe haber un mensaje firme acerca del impacto negativo que estas acciones pueden tener sobre el otro, de lo inaceptables que son en la institución las conductas de acoso y de las consecuencias serias (y a veces permanentes), que puede tener que enfrentar en el colegio y con organismos como la Defensoría de la Niñez y la policía, quienes  acosan. La Asociación Voces Vitales en Bolivia, desarrolla talleres en los que se involucra a toda la comunidad educativa, para hablar y analizar el problema, detectar las causas y formas en que se da en cada unidad educativa y planificar acciones de intervención.

El segundo plano de intervención, es el de frenar situaciones de acoso que ya se estén dando. El problema no va a pasar sin intervención clara, contundente y firme. Va a empeorar. Es deseable que los colegios tengan protocolos de acción frente al acoso. En estos protocolos se especifican acciones y procesos de acción para todos, que garanticen un resultado eficaz. Este resultado se traduce en un niño o niña libre de ser acosado y de otro niño o niña que deja de ser acosador. Es un trabajo a tres puntas. Precautelar la seguridad emocional y física del niño que está siendo agredido, educar en el respeto al niño que está agrediendo, y finalmente, educar al resto de la comunidad, testigo mudo, en la necesidad de no permitir la violencia y actuar frenando, denunciando, por las vías regulares, establecidas, no violentas, los comportamientos que dañan.

En un colegio, es importante recordar que todos los niños son nuestros niños, el acosado, el acosador y los testigos; pero cada uno requiere acciones distintas. Nosotros los adultos, padres y educadores, somos responsables de lo que sucede en nuestras comunidades educativas.

En el siguiente sitio de internet es posible encontrar el “Protocolo de actuación en situaciones de Bullying” de la UNICEF. Sirve mucho como guía: Protocolo de actuación en situaciones de bulling