El narrador, guionista de cine y viajero Gabriel Quindós (León, España, 1965) evoca «emocionalmente» Bolivia en su nuevo libro, «Caminos desiertos, cielos cercanos», un «falso» libro de viajes en el que el autor se vale de la ficción para desentrañar la realidad del país andino.

Tras ‘Otras nubes, otras lluvias’ (2015), obra también editada por el sello Mr. Griffin y en la que Quindós utiliza la misma fórmula para afrontar la realidad de Vietnam, llega ahora esta segunda entrega de una trilogía que finalizará con el libro dedicado a Etiopía, ya muy avanzado y que espera publicar el año próximo.

«De las 400 páginas del libro 300 son de ficción hasta el punto de que la obra podría sostenerse sin problemas si se elimina la parte que no lo es», explicó Quindós en declaraciones a Efe sobre una obra que se nutre de los recuerdos de un viaje que realizó a Bolivia hace una década.

Ha precisado que su objetivo es evocar los lugares que visita a través de las historias que le sugirieron y que para ello considera más certera la ficción.

El libro se compone de nueve relatos, cada uno de ellos dedicado a uno de los distritos en los que se divide Bolivia administrativamente.

Los parajes desolados del Altiplano, los frondosos bosques tropicales o los ríos de la Amazonía son algunos de los escenarios que enmarcan estos relatos, cuya profundidad y ambición los acercan a los territorios de la novela corta.

Por ellos desfilan contrabandistas, cocaleros, buscadores de oro, artesanos de pueblos misionales, traficantes de especies protegidas, mineros del Cerro Rico, bodegueros de vinos de altura, anticuarios o ricos e ilustrados hacendados.

Quindós sostuvo que trató de hacer historias «de dignidad y derrota, de lucha por la vida o de amores imposibles», tras posar su mirada «sobre aquellos que, con el viento en contra, buscan su lugar en los márgenes del mundo».

«Por ejemplo, en el capítulo dedicado a Potosí, que llegó a ser la ciudad más rica del mundo gracias a la minería, el autor ha querido contar la historia de los niños que siguen siendo explotados en la mina, «una realidad que tristemente pervive en la Bolivia actual».

Quindos viaja solo y sin ningún guion previo: «Nunca hago reservas y me dejo llevar por los acontecimientos que ven surgiendo en cada momento, pero la verdad es que en Bolivia las cosas fueron muy fáciles gracias a la amabilidad de la gente».

Remarca que con sus viaje busca una vida más plena y afirma rotundo que considera que lo que observa a su alrededor merece ser contado.

«Como mi manera de entender la realidad le debe tanto a la ficción por las lecturas, encontré en la fabulación el modo de acercarme a otras gentes, otras culturas y otros paisajes», concluyó.