Geraldine Chaplin, la energía que apuesta por el cine latinoamericano

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La legendaria actriz estuvo en tierras bolivianas, para filmar escenas de la película de Juan Pablo Richter. “98 segundos sin sombras”. Se declara enamorada del cine latinoamericano.

Llegó a Bolivia a pocos días de las revueltas políticas que derivaron en una transición de gobierno. En las calles todavía logró ver vestigios de los 21 días en los que una ciudad entera paró, y esos detalles llamaron su atención. Tanto, que, en su primer momento libre, subió a un micro de la línea 23 de la ciudad de Santa Cruz, junto a su esposo Patricio Castilla. Con él comparte su vida desde hace 41 años y aquí compartieron el recorrido desde el Hotel Los Tajibos hasta el centro de la ciudad, para caminarla, respirarla, sentirla y conocerla.

Mientras nos acomodábamos para hacer la entrevista en video, le preguntamos qué mira cuando enciende su televisor y nos respondió que mira noticias. Por lo tanto, sabía en detalle todo lo ocurrido en el país y confesó que tenía miedo, pero que ella se sometía a las órdenes de lo que establezca la producción y como no había recibido ningún aviso, ni alerta de no viajar, alistó maletas desde Suiza y llegó hasta la calurosa Santa Cruz, que la recibió con un calor sofocante en una semana de reacomodo y alta temperatura política.

Toda la semana estuvo concentrada en la filmación de la película y dedicó la tarde de un sábado para conversar con Forbes, hacer videos y fotos. Geraldine tiene 75 años de edad, que sólo pesan en cifra porque al verla tiene más energía que una persona de 25 años.

Apareció en el jardín del hotel con los brazos extendidos y una sonrisa más grande que su trayectoria. Se entregó entera a la sesión fotográfica, se sacó selfies con los que pasaban por allí y la identificaban, y luego dispuso de su tiempo para conversar sobre su visita al país.

Su calidez y la mirada profunda que combina armoniosamente con el par de lunares que tienen pegaditos a los ojos como un par de gotas, nos llevan sin querer a recordar a su padre, Charles Chaplin, de quien sin duda heredó la plasticidad de sus movimientos.

¡Qué nervios! Fue lo primero que nos dijo y yo pensé: caramba, esta señora lee la mente. Su comentario nos provocó risas combinadas de un cálido saludo y ganas de abrazarla como si ya la conociéramos. Algo que no deja de ser cierto, la hemos visto en varias producciones cinematográficas en Bolivia; en 1995 con la película “Para recibir el canto de los pájaros” de Jorge Sanjinés, y en su última producción para Netflix, en “The Crown”, en el capítulo 8 y 9 de la tercera temporada donde personifica a Wallis Simpson, esposa del Duque de Windsor, el ex rey de Inglaterra, que renunció a la corona por amor.

La actriz se adapta a todo lo que le toque vivir y experimentar, y así lo demostró en su pasó por Santa Cruz donde se sintió muy contenta por el trato recibido de la gente. Ella vive en un país donde hace mucho frío y en los que las temperaturas varían de acuerdo a la estación. Mientras Geraldine estaba en Santa Cruz, en Suiza el promedio era de siete grados centígrados. «Divino, divino, me encanta el clima, me gusta mucho.  A mí me gusta de 40 grados para arriba, yo voy buscando siempre el calor y aquí ha hecho calor”, nos dijo emocionada, mientras recordábamos que no es la primera vez que visita el país.

“He estado en una Bolivia muy distinta, rodando en una comunidad de los Andes, a una altura de 5000 metros, hace 24 años. Era distinto y ahora también, porque estamos casi en la Amazonía en Santa Cruz. Hay diferencias geográficas que se ven y se sienten, desde la respiración, es totalmente distinto.

Vivo en Suiza, donde hace mucho frío, fue un viaje largo hasta Bolivia un cambio de clima extraordinario porque a mí me gusta el calor y en Suiza hace un frío espantoso, nuestro trabajo también es viajar y es adaptarse, llegar a un sitio y no saber nada de este sitio y empezar a descubrirlo. Yo estoy muy agradecida con el cine porque uno al llegar se integra a un equipo del lugar y eso ayuda a adaptarse”

– ¿Cómo fue que se animó a venir por segunda vez?

“Leí el libreto de Juan Pablo Richter, de su segunda película, que se llama: 98 Segundos sin sombra, basado en la novela homónima de Giovanna Rivero, y me enamoré del guion. Quería estar en esta película, aunque sea una silla, un objeto, lo que sea, pero yo quería estar en esta película”

“El cine latinoamericano, para mí es el más importante del mundo, por lo menos es más el cine que yo quiero ver. He visto bastante, no todo evidentemente, pero hemos estado de jurado en festivales y entonces ahí tienes la oportunidad de ver cine latinoamericano”.

– ¿Alguna película que la haya impactado?

“Hay una que se llama; Te prometo anarquía, de Julio Hernández Cordón, es una película de producción México-alemana; hay muchas películas colombianas, también me gusta mucho La sociedad de los semáforos, de Rubén Mendoza.

¡Luego evidentemente el cine de Sanjinés, que lo adoro; desde siempre, cuando yo iba a ver sus películas y decía; ¡qué maravilla!  y pensaba que nunca podría trabajar en una de sus películas porque hablan aimara y no podría, pero ¡entré! De repente, en una oportunidad apareció en casa y me dijo “hay una película en la que aparece una francesa que se casó con un Chamán” y resultó, e hice ese papel en la película Para recibir el canto de los pájaros del genio de Sanjinés.

– ¿Cómo se prepara Geraldine para cada viaje?

Para este viaje yo me aprendí el diálogo de las escenas que me correspondían, y me puse como reto el “no me puedo equivocar» porque había modismos muy bolivianos en el diálogo, por ejemplo, frases con “ingo o ango” y, me decía a mí misma, tengo que acordarme de esto y, sobre todo, trabajar el personaje, sobre todo, poder trabajar y dar lo mejor de mí. Tengo una amiga boliviana en España que me enseñó varios de sus modismos, así que varios me sonaron familiares”

– ¿Qué cambia en su vida cuando se muda de ciudad?

“Mi rutina depende de donde estoy, si es por trabajo todo lo dedico al trabajo, hay que acostarse muy temprano porque en el cine comienzas al alba; y cuando no trabajo, pues no hay rutina, me dejo llevar por lo que trae el día, por ejemplo, ayer se presentó la oportunidad de ir al teatro en Santa Cruz a ver una obra de un colegio, “Grease”, y me pareció increíble, los chicos tienen talento impresionante. Fui porque la directora de la pieza teatral forma parte del equipo de la película y me invitó a ver, y a allí me di cuenta que de verdad hay talento en este país”.

– ¿Cómo se mantiene tan saludable y con energía?

“Yo no me cuido, no cuido nada (sonríe), o sea que hago todo lo que no hay que hacer, y me imagino que debo tener buenos genes o suerte”.

– ¿Cuáles son los planes de Geraldine Chaplin?

“Al terminar las filmaciones de esta película, nos vamos a Madrid y luego vamos a Miami, todo eso no forma parte del trabajo, es mi «agenda propia” pero sé que ya está en la plataforma Netflix, un trabajo hecho recientemente, en la serie “The Crown” que está muy bien. Luego tengo una película con Lisandro Alonso, espero que sí, toco madera (se golpea la frente con la mano en puño) y, más adelante, tengo una película en Armenia. Será otro viaje, otra cosa muy distinta.

Después se viene otra producción con un director catalán que se llama Carlos Marqués-Marcet, extraordinario, y qué es un musical sobre la eutanasia, no sé cómo va hacer esto, pero yo me apunto”.

– ¿Qué espera de la producción boliviana que vino a hacer?

“No espero, yo sé que será increíble, tiene un director maravilloso y el guion es increíble, la protagonista se llama Irán y es una chica de 18 años que parece de 14 y medio, es extraordinaria, tiene una sensibilidad y la historia, no sé, es mágica”.

Como mágica es Geraldine, la mujer, la actriz, la enamorada del cine, la leyenda. En fin, la energía que nos sacudió y conquistó durante su estadía en Bolivia.

 

 

 

 

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