Cómo la naturaleza moldea nuestra cultura

“Hacia el infierno” es un documental de Netflix dirigido por el legendario director y productor alemán Werner Herzog que explora uno de los fenómenos más impresionantes de nuestro planeta, los volcanes. Filmando volcanes activos en Indonesia, Islandia, Etiopía y Corea del norte, el documental indaga en qué es lo que hace que nos inspiren tanta fascinación y tanto terror, y explora cómo su imagen imponente influye y moldea la cultura y el imaginario colectivo de la gente que vive en contacto con ellos.

Se estima que existen volcanes activos en la tierra desde hace aproximadamente 4 billones de años, y desde la aparición del humano moderno, hace aproximadamente 200.000 años (un abrir y cerrar de ojos para los volcanes), estos han dado forma a la cosmovisión y las costumbres de incontables culturas alrededor del mundo. En Indonesia, el primer destino al que nos lleva el documental, solamente a la familia del jefe de una aldea cercana al monte Sinabung se le permite subir al volcán, pues ahí habitan los dioses. Es más, la persona que sube y habla con los dioses no puede transmitir sus palabras a nadie, pues eso los enfurecería. El jefe de la aldea explica que para ellos el volcán tiene una fuerza infinita que un día destruirá el mundo, y los habitantes viven con esta idea asimilada en su día a día, el volcán es parte de su vida y de su identidad. En Islandia, las constantes erupciones han forzado a este país de apenas 300.000 personas a desarrollar una infraestructura exquisita diseñada para evitar tragedias. Pero la mayor magia de esta isla, situada en la confluencia de las placas tectónicas norteamericana y europeas, es que su paisaje volcánico evoca imágenes de una fascinante mitología que tiene en él su icónico y cautivador contexto.

En el caso de Corea del norte, un pueblo oprimido desde hace más de 70 años, un mito tan antiguo como el pueblo coreano ha sido reinventado por una dictadura para legitimarse. El monte Paektu, una montaña volcánica en la frontera con China, es considerada tanto en el norte como en el sur como el lugar donde nació el primer rey, y con él el pueblo coreano. En nuestros días, la dinastía Kim, que gobierna el norte de la península desde el final de la segunda guerra mundial, reivindica este volcán como el lugar donde el fundador de la patria Kim Il Sung instaló la base de su resistencia militar contra los japoneses, así como el lugar donde nació su hijo, Kim Jong Il (que en realidad nació en Rusia).

Probablemente el ejemplo más curioso de entre todas las creencias que nos muestra el documental sea el del culto a “John Frum”. En la isla de Vanuatu, en el pacífico, cerca de Australia, los habitantes rinden culto a un soldado estadounidense que, se dice, bajó del volcán para ofrecer regalos y suministros, y cuando se fue, prometió volver con más regalos, incluyendo un motor para el barco del pueblo. El soldado se presentó como “John from the U.S.”, y sólo la primera parte de su saludo quedó registrado, convirtiéndose en “John Frum”. El 15 de febrero es conmemorado cada año como el día de John Frum, y se dice que esa será la fecha en la que volverá con los regalos.

“Teníamos, obviamente, un interés científico” dice Herzog en un punto del documental, “pero lo que más nos interesaba era el lado mágico”. Este lado mágico es el que convierte estos volcanes en los hogares de los dioses o incluso en dioses mismos, y es este lado mágico el que conforma el trasfondo real del documental. “No había uno solo de estos volcanes, dice Herzog, que no estuviera conectado a un sistema de creencias.” Para mí, lo más valioso de apreciar cómo estos sistemas de creencias nacen a partir de la presencia tan cercana de los volcanes, es que nos recuerda que la cultura humana está inextricablemente unida a las fuerzas de la naturaleza. Estas creencias son un colorido testamento de la capacidad imaginativa del ser humano, y, lo que es más importante, un fascinante recordatorio de nuestra conexión primordial con la naturaleza. Es muy fácil olvidar, en el mundo dominado por ciudades y comodidades en el que vivimos, que tenemos una relación fundamental con la naturaleza, no sólo desde un punto de vista atávico, de tótems y de pueblos nómadas, sino una relación siempre presente, que ha moldeado desde siempre nuestra historia, nuestra cultura y nuestro imaginario colectivo como especie.

Es bueno ver documentales, leer libros y en general estar expuesto a información que nos recuerde lo mucho que estamos a merced de la naturaleza, y lo conectados que estamos con ella, no por un sentido de pesimismo, que nos recuerda lo pequeños e irrelevantes que realmente somos, sino porque constituye una de las experiencias humanas más intensas y más hermosas el darse cuenta de que somos parte de algo infinitamente más grande y fascinante como es nuestro planeta. Ya sea un volcán enojado, un mar tempestuoso o una montaña indomeñable, estamos conectados desde siempre con fuerzas de la naturaleza que han estado allí desde mucho antes que nosotros, y que sin duda van a estar mucho después de que se cierre el telón de la historia de nuestro paso por el planeta.