Humanos somos

Compartir:

Mejor nos va cuando aceptamos con amor, que humanos somos y que los otros, también se enredan y sufren, como nosotros.

Sabemos lo que es sufrir. Todos hemos sentido en el cuerpo ese desagrado y ese dolor, a veces leve y otras, tan fuerte que pone nuestra vida en paréntesis. Una parte de nuestro sufrimiento es inevitable, viene de pérdidas y catástrofes que la vida trae porque quiere. Otra parte pareciera causada por nuestras propias decisiones o nuestras maneras de ser y pensar. Sea uno u otro el caso, todos sufrimos, todos nos equivocamos, todos vivimos situaciones de las que no tenemos idea cómo salir.

La compasión con nosotros mismos cuando sufrimos, hace mucha diferencia en nuestra experiencia. Compasión no significa para nada anclarse en la queja o evadir la responsabilidad de resolver los propios asuntos. Significa más bien tratarnos con calidez y cuidado, con comprensión y sobre todo, con mucho deseo de ayudarnos. Esta mirada y atención cariñosa, nos protege contra el estrés, crea una intención clara de acción, nos ayuda a recuperarnos de situaciones dolorosas, nos hace valorarnos, aprender y mejorar nuestro desempeño después de los fracasos, nos aquieta la rabia y nos deprime menos.

He hablado con mucha gente que atravesando por estos momentos difíciles, aumenta su preocupación y agitación criticándose y juzgándose negativamente por no poder o no saber cómo calmar su situación dolorosa. Yo misma lo he hecho conmigo en muchas ocasiones, sin entender que de éstas no se sale a palo, sino a fuerza de amabilidad con uno mismo. No estoy hablando de aumentar o mejorar la autoestima, porque no tiene nada que ver con eso. Mucha gente puede sin problemas, reconocer una larga lista de sus cualidades y sin embargo, sufrir o estar entrampada en situaciones dolorosas para las que no encuentra salida. Hablo del amor compasivo, de la preocupación cálida y amorosa por uno mismo, la actitud de entender las propias limitaciones y querer ayudarse.

“Me importas, te incluyo, te veo, te aprecio.”