La violencia verbal y física entre militantes de fuerzas políticas, las largas caravanas de vehículos y el uso de redes sociales de moda han marcado esta atípica campaña electoral en Bolivia de cara al 18 de octubre en medio de la COVID-19.

A casi un año de las elecciones anuladas por denuncias de fraude electoral a favor del entonces presidente Evo Morales, los bolivianos se alistan para volver a las urnas y elegir entre las siete fuerzas políticas al nuevo presidente, vicepresidente, senadores y diputados.

Un proceso electoral marcado por los cambios de fecha, pues inicialmente debían ser el 3 de mayo, se postergó para el 6 de septiembre por la pandemia y finalmente el órgano electoral definió el 18 de octubre, tras protestas sociales por las continuas demoras.

La crisis política, económica y sanitaria se sumó a un ambiente electoral polarizado, que caldeó más la situación entre militantes en distintas regiones del país.

LA VIOLENCIA

Ni siquiera la pandemia ha parado la violencia entre simpatizantes de las principales fuerzas políticas, que en sus contadas actividades presenciales se registraron agresiones, gritos e insultos.

Las alianzas Comunidad Ciudadana (CC) del expresidente Carlos Mesa, Creemos del excívico Luis Fernando Camacho y el Movimiento Al Socialismo (MAS) a la cabeza del exministro Luis Arce, el partido de Morales, han denunciado agresiones a sus militantes y se responsabilizan entre fuerzas políticas por los ataques.

«El MAS lo que ha buscado ha sido confrontar el país, polarizar, intimidar a la gente y seguramente llegar con un clima de violencia a la elección», manifestó a Efe el vocero de CC, Alejandro Reyes.

Esa alianza denunció al menos 16 actos violentos en contra de su militancia en distintas regiones del país, con un petardo lanzado a una candidata a senadora, que atribuyen al MAS.

Mesa pidió directamente a Arce y a Evo Morales, jefe de campaña del MAS, que «dejen de llevar acciones violentas».

Por su parte, el MAS también denunció agresiones a sus adeptos en distintos actos de campaña en el que sus caravanas fueron violentadas y en una ocasión gasificaron un encuentro de jóvenes simpatizantes a su partido.

«Estamos en un momento muy álgido, un momento de conflictividad muy fuerte donde se genera racismo (…), grupos fascistas están atacando casas de campaña, hemos sufrido agresiones», indicó a Efe la militante del MAS Fabiola Alanoca.

A su vez, el militante de Creemos y candidato a diputado Marshel Portocarrero indicó a Efe que en algunas actividades en La Paz les botaron fruta podrida o basura, de lo que responsabilizan a adeptos del MAS.

Ante este contexto, entidades como el Tribunal Supremo Electoral, la Defensoría del Pueblo y la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Bolivia (OACNUDH), entre otras, se pronunciaron para que las campañas se realicen en un clima «seguro» y de «no violencia».

La OACNUDH registró 27 agresiones violentas desde el inicio de la campaña el 6 de septiembre, en seis de las nueve regiones del país, y al menos tres periodistas también fueron agredidos.

UNA CAMPAÑA VIRTUAL

Esta campaña electoral tiene además un fuerte componente virtual, para evitar contagios de COVID-19, pues las distintas fuerzas políticas realizaron reuniones, debates y análisis en redes sociales para difundir sus programas.

«La mayor plataforma que se ha usado es Facebook y a partir de eso está Twitter, Youtube, Zoom», explicó a Efe el jefe departamental de las juventudes del MAS, José Rivas.

A todas estas plataformas se adhirió TikTok, aplicación de moda entre jóvenes, con la que los militantes bailan y alzan el puño izquierdo mientras cantan «soy del MAS, digan lo que digan, yo soy del MAS».

Comunidad Ciudadana también enfocó su campaña en redes con foros y conversatorios con distintos grupos de población para compartir sus propuestas.

«Hubo sesiones virtuales para explicar las propuestas, debatirlas, compartirlas, entonces es un espacio bastante interesante», contó a Efe la vocera de Salud de CC, Cecilia Vargas.

OTRAS ACTIVIDADES PRESENCIALES

Uno de los desafíos de esta campaña electoral es mantener el contacto con los votantes, pero respetando las medidas de bioseguridad para evitar más casos de COVID-19, por lo que varios candidatos se inclinaron por realizar caravanas de vehículos o ir a las áreas rurales, donde la tecnología no es tan accesible y utilizada.

No obstante, Creemos y el MAS hicieron caravanas en las que no se cumplió el distanciamiento social e incluso la utilización del barbijo.

«El contacto es muy difícil manejarlo en campaña (…), hemos tenido varias reuniones para mejorar todos los aspectos de bioseguridad», indicó Portocarrero de Creemos.

El MAS decidió ir por los barrios «puerta a puerta» para compartir sus propuestas y escuchar a las personas.

Los militantes de CC fueron hasta áreas rurales para compartir en sus idiomas nativos las propuestas de esa alianza, contó a Efe Paulino Guarachi.

Según datos oficiales, en Bolivia se registran más de 8.100 muertes y más de 137.000 casos de COVID-19.