La comida no se tira

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#LaComidaNoSeTira

Somos hijos de la era industrial y hemos perdido la relación que teníamos con nuestros alimentos cuando cada cual cultivaba o criaba lo que consumía, pero también somos hijos de la era de la comunicación y, aunque queramos hacerlos los tontos,  sabemos el impacto que tienen nuestras decisiones de consumo. Veganos, vegetarianos, carnívoros y otros: todos consumimos, pero más importante aún: todos desperdiciamos.

Según el estudio “La seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo” elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el mundo, un tercio de la comida producida termina en la basura. Esto equivale a 1.300 millones de toneladas de comida desperdiciada cada año. De ese desperdicio 6% está en Latinoamérica, donde más de 47 millones de personas sufren hambre. Bolivia encabeza el ranking del hambre en Latinoamérica, con el 20 %.

Entonces ¿Qué tal si de manera colectiva y a mayor escala, logramos enfocarnos en cambiar nuestros hábitos de compra y nuestro comportamiento en relación a los alimentos?  Por ejemplo, cuando te servís y ordenas comida ¿Comes todo? Cuando sobra comida ¿Qué haces con el excedente? ¿Cuándo compras fruta y verdura rechazas las que están golpeadas y solo buscas la perfección estética?

Hay mucho por aprender y corregir en nuestros comportamientos y son estos pequeños gestos lo que en conjunto pueden generar grandes cambios. No tendemos a pensar en la comida que termina en la basura como desperdicio, y no pensamos en los miles de recursos naturales que se van con ella (energía, agua, tierra, trabajo) y en el gran impacto ambiental que tiene esa comida en un basurero, sin embargo el desperdicio de comida en vertederos genera casi el 25% del gas metano, el mayor gas de efecto invernadero en nuestra capa de ozono.

Una gran solución puede ser atacar nuestra ignorancia colectiva y profundar acerca de los alimentos que consumimos. Poder salvar al mundo incluye conocerlo y también la consigna que somos responsables y controladores de nuestro consumo. Lo bueno es que hay maneras de combatir nuestro desconocimiento y generar acciones.

Plato Lleno (platolleno.org), es una red de rescate de alimentos que inicio en Buenos Aires en Junio del 2013 y hasta el 2017 se replicó en 6 ciudades más en Latinoamérica. Mayormente rescatan alimentos excedentes de eventos, empresas y fábricas que por ejemplo elaboran productos que no pasan controles estéticos de calidad y no puede comercializarse. Plato Lleno se encarga de llevar los alimentos a la institución designada, como ser hogares de tránsito y comedores comunitarios que quieran y puedan recibirlos. No tiene ningún tipo de costo para el solicitante del rescate ni para el receptor.

De la misma manera ya en varios lugares del mundo, chefs de la alta cocina están concentrándose en disminuir el desperdicio y reciclar alimento. Claros ejemplos son el chef Palmiro Ocampo en Perú y el famoso activista Tristam Stuart en Inglaterra.  Tristan en Londres organizó el primer Feeding the 5000, un evento en una plaza de Londres donde se repartió comida gratis a cinco mil personas usando alimentos que otros habían desechado. Palmiro por su parte, busca que su filosofía que llama ¨reciclaje culinario¨ no sea solo un ejercicio creativo, si no compartirlo con más cocineros y convertirlo en uno de los métodos para erradicar el desperdicio de alimentos en Perú, donde 240 mil niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica.

Y sin duda no tenemos que hacer cosas radicales como fundar una organización o convertirnos en chefs y activistas para combatir el desperdicio. Plato lleno incluso reúsa en llamarse un proyecto solidario que  «lucha contra el hambre». Les parece una verdadera falta de respeto para quienes realmente luchan contra el hambre, como todos los receptores, comedores y las agencias internacionales que alimentan a miles personas necesitadas.  Ellos se basan simplemente en consignas sencillas y prácticas de respetar el alimento, y redistribuir el exceso a lugares donde hay carencia. Lo más básico de oferta y demanda. En esta consigna básica nos podemos  unir todos.

Hay una teoría que los humanos nos gustan las reglas fáciles, que les parece empezar a ejercer una súper sencilla como: #LaComidaNoSeTira.

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