La lucha contra la muerte y su aceptación

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Cuando era niño y mi madre me llevaba al médico, uno de los cuadros que adornaban la sala de espera era una alegoría de la medicina representada por un médico luchando desesperadamente para rescatar a una mujer joven del abrazo de la calavera que representaba a la muerte. Lo que yo veía era la acción valiente del médico contra la muerte. Así fue como identifiqué por primera vez a la muerte: como el enemigo jurado del paciente, del médico y de la medicina.

La muerte es un fenómeno biológico universal, quizá al único al que ningún ser humano ha escapado o puede aspirar a escapar en el futuro. Los objetivos en la medicina son preservar la salud y curar o aliviar la enfermedad. Si a esto le agregamos la lucha contra la muerte, automáticamente la trasformamos como una actividad dirigida fatalmente al fracaso.

No es fácil asumir con serenidad una enfermedad terminal, hay que aprender a convivir con el dolor físico y emocional. Cuando el médico comunica el diagnóstico, el miedo a abandonar este mundo y a lo desconocido genéra pánico.

El camino hacia la superación de la certeza del final de la existencia, está lleno de sentimientos molestos y negativos como ser ansiedad, duda, depresión, rabia, hostilidad, culpa, vergüenza, pero finalmente debe venir la aceptación.

El mejor consejo que se le puede dar a un enfermo con un mal pronóstico de vida, es olvidarse completamente del pasado y del futuro y centrarse únicamente en el presente, vivir y aprovechar al máximo los pequeños momento de placer, como ser los encuentros con los amigos y la familia.

El médico y la familia no deberían ocultarle información de su enfermedad al enfermo. La realidad es que las personas perciben la gravedad de su enfermedad y piensan hacia sus adentros la idea de la muerte, sin embargo, sus familiares y amigos, esperan que actúen como si no lo supieran. No permitiendoles expresar libremente su depresión o su rabia, llevandólos a sentirse aislados o sólos con estos sentimientos. El hecho de que la muerte sea una experiencia personal e individual no significa que el enfermo deba pasar sus últimos momentos en una situación de angustia y desolación.

La muerte representa la separación y el abandono. La familia puede pasar por una etapa de negación, rechazando la próxima llegada de la muerte y dejando al familiar en manos del equipo de los médicos, pensando que es lo mejor que se puede hacer. Los médicos, a su vez, esperan que sea la familia la que se haga cargo, y la persona enferma puede terminar abandonada sin quererlo.

Actualmente la muerte se ha desplazado desde la intimidad de los hogares a los hospitales, en donde no existen las condiciones mínimas para asegurarles a las personas una muerte digna.

Llegar a una muerte serena y sin sufrimientos es una tarea compartida entre el médico, el paciente y su familia, y requiere por lo tanto un dialogo constante y honesto.

Las obligaciones actuales del médico comprenden no prolongar innecesariamente el proceso de morir, decirle la verdad al enfermo con respecto a la gravedad de su situación, si este se lo solicita, y facilitar una elección inteligente para el paciente presentándole con veracidad las alternativas de tratamiento y lo que puede esperar de ellas.