Macron y Merkel retoman para sí la vieja idea que se creía desterrada de alentar al creación de grandes conglomerados empresariales europeos.

Publicada en Forbes España, escrita por MANUEL XIRAU

La crisis de estancamiento y falta de competitividad que atraviesa Europa desde hace décadas corre serio peligro de volverse endémica. Una tendencia que podría acentuarse en los próximos años si triunfan las propuestas que están poniendo sobre el tapete comunitario sus dos principales socios. Francia y Alemania han decidido configurar un frente común para convencer a las autoridades de Bruselas de que la única forma que tiene el club de los 27 de plantar cara a las multinacionales asiáticas, norteamericanas y, en menor medida, rusas, es mediante el respaldo explícito del sector público a las grandes empresas europeas. En definitiva, se trata de recuperar la tesis de los campeones nacionales llevándola a un estadio superior, el continental.

La petición se hizo oficial el pasado enero, cuando 19 gobiernos de la Unión Europea (UE) capitaneados por Emmanuel Macron y Angela Merkel firmaron una declaración en la que manifestaban la necesidad de “construir una política industrial que aliente la creación de grandes jugadores económicos”. El texto, respaldado en aquel momento también por Italia y España, planteaba que “así como las grandes potencias no dudan a la hora de defender a sus campeones nacionales, Europa debe tener en cuenta en su política de competencia la evolución del entorno competitivo global en términos de inversión, comercio e industria”. Bajo estas consideraciones subyace un dato revelador: en la lista de las veinte empresas con mayor valor bursátil del planeta solo aparece una europea, la petrolera anglo-holandesa Royal Dutch Shell.

Publicada en Forbes España, escrita por MANUEL XIRAU