Lo pilló trabajando

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Navegando por Internet —webeando, dirían algunos— me “topé” con un cuadro de Ejti Stih en el que la artista retrata a un escritor y su musa. Hace algún tiempo atrás, había tenido una conversación con una amiga sobre esto de la inspiración en los procesos creativos. Estos dos hechos coincidentes, me llevaron a investigar el origen y la connotación de esta curiosidad que proviene de la mitología griega, donde las musas eran deidades que supuestamente habitaban en el Parnaso y protegían las artes y las ciencias.

Según la fuente que uno consulte, la genealogía, la denominación y el número tienen algunas variaciones. En principio, nueve serían las musas canónicas, hijas de Zeus, nacidas al pie del monte Olimpo: Clío, musa de la historia; Euterpe, de la música; Polimnia, de los cantos sagrados; Terpsícore, musa de la danza y la poesía coral; Calíope, de la belleza; Erato, de la canción amatoria; Melpómene, de la tragedia; Talía, de la comedia; y Urania, musa de la astronomía. A través de manifestaciones pictóricas, escultóricas y líricas, en diferentes períodos de la historia, se las ha venido representando con diversos atributos y caracterizaciones a cada una de ellas.

En lo que todos coinciden, es que a estas deidades se les atribuye el poder de traer a la mente de los mortales las ideas para sus creaciones. Al invocarlas, los artistas se inspirarían y podrían plasmar, en cualquiera de las artes, el fruto de esa “iluminación divina”. Julio Cortázar —ese grande cronopio—, decía que cuando escribía entraba “en trance”. En realidad, ese efecto sicológico se produce por el trabajo constante, que en algunos casos, dada la obsesión y pasión por lo que se está haciendo, pareciera que fuera la propia musa que escribiera el texto.

El genial Pablo Picasso dijo alguna vez: “Ojalá que cuando llegue la inspiración, me encuentre trabajando”. La imagen romántica de que las ideas pueden aparecer por arte de magia es uno más de muchos mitos que usamos los humanos como excusa para no trabajar con la constancia y dedicación que hace falta. Lo concreto es que, las revelaciones o apariciones son producto de sinapsis neuronales que pueden darse en los momentos menos esperados gracias a casualidades, coincidencias, evocaciones, reflexiones, deducciones o cavilaciones, en muchas ocasiones, inconscientes e involuntarias.

En mi caso particular, a pesar de que siempre las invoco para escribir estos artículos semanales, las muy ingratas pocas veces me hacen caso. Así que me obligo a una rutina —a veces tediosa—, de apuntar temas sueltos y repetir ciertos rituales para sentarme a escribir todos los días como un hábito. Algunos temas me demandan investigación bibliográfica; otros en cambio, entrevistas personales o consultas telefónicas; y en varios casos, visitas o exploraciones para recopilar la información y los detalles para el contenido de estas líneas.

En contraposición, el proceso creativo del diseñador del ahora famoso folder de Aasana, fue ejemplar y contundente: cambiando una sola palabra del logotipo, buscó hacer justicia a los 2.682.517 de votantes bolivianos que, en un referéndum, decidimos no cambiar el texto constitucional e impedir que alguien gobierne a perpetuidad. Este artista gráfico tuvo una epifanía que, por suerte, lo pilló trabajando. ¡Que las musas lo protejan!