Matar a un ruiseñor

Compartir:

Una historia loca con una enseñanza universal

“Matar a un ruiseñor” es la primera de dos novelas publicadas por la autora estadounidense Harper Lee, y una de las novelas más populares y aclamadas de la época. Su argumento se desarrolla en el pueblo ficticio de Maycomb, en el estado de Alabama, en lo que a veces se llama el “sur profundo” (Deep south) de Estados Unidos, y sigue, desde la perspectiva de una niña de 8 años, tanto el diario vivir del soñoliento pueblito como los dilemas y crisis raciales y morales que existen bajo la superficie. Jean Louise, apodada Scout por su familia y amigos, que es quien nos cuenta la historia, vive con su hermano Jem, 4 años mayor que ella, su padre Atticus, un abogado, y una empleada negra o “de color”, como se refieren a ella a veces, llamada Calpurnia.

Cuando Tom Robinson, un negro que trabaja en una plantación de algodón, es acusado falsamente de haber violado a Mayella Ewell, una adolescente de una familia pobre cuya única virtud es ser blancos, el pueblito se ve sacudido y sale a la luz la peor cara de un pueblo que en la superficie parece ser tranquilo y amigable, pero que no tarda en mostrarse prejuicioso, racista e ignorante. Atticus, el padre de Scout, es el abogado asignado para defender a Tom Robinson, y este lo toma no sólo como un trabajo que le toca cumplir, sino que hace suya la causa de Robinson, tanto porque se trata defender a alguien inocente como porque, según él, no podría no aceptar el caso y esperar después que sus hijos lo tomen con un ejemplo a seguir; Según él, este es el caso que lo va a definir como abogado y como persona.

A pesar de la evidente inocencia de Tom Robinson (Mayella fue golpeada en el lado derecho de su rostro, pero Robinson perdió el uso de su brazo izquierdo en un accidente en la plantación de algodón) y de las pruebas que Atticus presenta de que en realidad fue su padre quien la golpeó y abusó de ella, la gran mayoría de la población blanca del pueblo se siente indignada al ver a uno de los abogados más respetados defendiendo a un negro, sobre todo porque se lo acusa de perjudicar a una familia blanca, y Bob Ewell, el padre de Mayella, jura vengar su humillación ante la corte. A partir de esto, la familia de Scout se vuelve víctima de una mentalidad que pone en evidencia el enfermizo sistema moral que ha plagado su pueblo desde siempre, que ha corrompido desde el individuo hasta las instituciones y que se manifiesta en el constante hostigamiento que sufre tanto la familia de Tom Robinson por ser negro e inocente como la de Scout, por ser blancos y defenderlo.

“Matar a un ruiseñor” fue un éxito desde el momento de su publicación en 1960, y a día de hoy ha sido impresa más de 30 millones de veces. Este éxito se debe a varias razones, entre las cuales cabe mencionar que se le otorgó el premio Pulitzer en 1961, y el éxito que a su vez tuvo la adaptación cinematográfica de 1962. Pero la principal fuerza detrás de la popularidad de esta novela es lo universal de las temáticas que aborda y las verdades que nos muestra de frente. Siendo Scout, la protagonista, una niña, hay en muchas instancias una crítica de los tradicionales roles femeninos, como cuando su hermano, a medida que va creciendo, abandona poco a poco el trato de igual a igual que caracterizaba su relación temprana, y comienza a hablarle con un lenguaje condescendiente e incluso a ratos despreciativo. La cuestión racial, sin embargo, es sin duda la gran protagonista de la historia; Incluso después de que Tom Robinson, a pesar de las claras pruebas de su inocencia, es declarado culpable y subsiguientemente asesinado intentando escapar de prisión, Bob Ewell intenta asesinar Scout y Jem cuando volvían a casa una noche después de un evento escolar, a modo de venganza contra Atticus por haberlo defendido. Si bien los niños son rescatados por un vecino que antes se había negado a salir de su casa y jugar con ellos, estos dos eventos muestran lo profundamente arraigada que estaba esta mentalidad racista, pobre e ignorante en el pueblo, y es un microcosmos del sur de Estados Unidos, donde hoy en día persiste todavía la discriminación por parte tanto de la gente como de las instituciones hacia los negros e incontables otras minorías.

A lo largo de la historia, Atticus le repite varias veces el mismo consejo a su hija: “No podemos entender realmente a una persona hasta que consideramos las cosas desde su punto de vista, hasta que nos metemos en su piel y caminamos con ella por la vida.” Este consejo resume lo que a mi parecer es la enseñanza más importante de la novela, la capacidad de empatizar con los demás. No podemos más que imaginar la infinidad de guerras y conflictos que habrían sido evitados si el ejercicio emocional de la empatía fuera una práctica común, si entendiéramos que la raza es un concepto falso y obsoleto, inventado por humanos para hacer daño y sacar ventaja sobre otros humanos.

El triunfo de “Matar a un ruiseñor” consiste en mostrarnos, a través de una historia con un escenario altamente local y específico muchas verdades que son universales, y que siguen plagando nuestra sociedad y cobrando día a día víctimas inocentes. No creo que el racismo, el odio y la ignorancia vayan a morir nunca, mientras haya seres humanos van a persistir en el interior de algunos, devorando y pudriendo sus mentes como un virus. Lo que queda esperar es que libros como “Matar a un ruiseñor” sigan abriéndonos los ojos a todo el progreso del que el odio y la ignorancia nos han privado desde siempre, y que basta con uno mismo para arruinar o mejorar el mundo.

Deja un comentario