Esta mañana me tope con mi vecina y me enseñó una gran lección mientras paseaba a Luka, mi perro schnauzer de dos años de edad y ella paseaba a Valentina, una caniche mediana. La vi presurosa con varias bolsitas en su mano levantando el fecalismo canino que dejaron otros y le pregunté por qué lo hacía, me contesto: “Esta es mi contribución a mi comunidad, recoger la caca que dejan otros canes a su paso y así el corredor está limpio.” Me avergoncé porque no traía bolsita.

Desde que llego Luka a mi vida fui consciente y aprendí a como relacionarme con mi perro y mi entorno. No fue fácil, llego de tres meses de edad, primero lidiar con sus ladridos cuando se quedaba solo en el departamento y después con las salidas porque necesitaba descargar su energía y además tenía que ser responsable de su caca. Mi primera compra fue unas bolsitas biodegradables para excremento de perro y muy educada cada salida era con mi bolsita y Luka. Sin embargo, al pasar el tiempo me di cuenta que ninguno de mis vecinos recogía lo que dejaba su mascota y por lo tanto dejé de sacar la bolsita y para justificar cada salida me decía a mí misma que el excremento de mi perro serviría como abono, cosa que es mentira.

Al ver a mi vecina con esa acción de recoger la caca de otro me di cuenta que caí en lo que la mayoría hace, se acomoda al no me importa y al ‘si lo hacen los demás porque yo no’, y entendí que esta pequeña acción de no recoger la caca de tu perro dice mucho de vos.

Si con pequeñas cosas no nos importa el de al lado, ¿cómo será en las grandes cosas que nos da la vida, el trabajo, familia, pareja o la comunidad con la que interactuamos?

Con ésta lección de mi vecina, investigué cuánto daño hace la caca de un perro que no se recoge. Averigüé que un perro mediano genera unos 18 kilos de excremento al mes y que:

  • La materia fecal que se deja en plazas y veredas, se seca y se transforma en polvo. Contribuye a la polución del aire, del acuífero subterráneo, de depósitos de agua, de lugares de esparcimiento y, además, de diversos alimentos elaborados en la vía pública.
  • Los gérmenes provenientes de las heces que se desechan al aire libre se introducen en el organismo del ser humano por medio de la respiración o al ingerir alimentos preparados en la calle. Esto ocasiona infecciones por parásitos (lombrices, amebas o bacterias), y enfermedades del aparato digestivo, la visión, el corazón, el hígado y la pie.

De ninguna manera la caca de tu perro «sirve como abono», así que esa no es justificación para no recogerla. Los excrementos de un perro o de un gato deben ser desechados en forma apropiada, para evitar que al desintegrarse se incorporen al aire que respiramos, lo que da origen a numerosas enfermedades. Consideremos que en la ciudad de Santa Cruz se generan toneladas de caca de perro todos los días.

¿Qué harás con tu caca?

La clave: salir con una bolsita…

¡A tomar conciencia!