Su muerte tuvo lugar en el extraño y solitario aislamiento de la terapia intensiva del Hospital de la Pampa de la Isla. Su certificado de defunción pondrá como causa de muerte el COVID-19 y sus enfermedades de base. Sin embargo, hubieron situaciones vergonzosas que contribuyeron a este momento. El deambular durante dos días en busca de un centro que le brinde oxígeno porque no podía respirar…y que todos la rechacen. El no encontrar dónde dializar porque estaba con COVID-19. El que no hubiera ni un ventilador libre en toda la ciudad para que haya sido intubada antes. El que haya sido contagiada por gente que no ha respetado la cuarentena, ni los cuidados al salir.

El dolor de su pérdida ya es desgarradora, pero el coronavirus ha hecho que su muerte sea más cruel y dolorosa. Siempre la recordaré como una paciente amiga, como una luchadora por la vida, una soñadora, pero lo que es más importante, la recordaré como una mujer de una fe en Dios inquebrantable.