Descuido con el virus en Bolivia

El criterio generalizado del momento es que la gente está cansada de los encierros y quiere normalidad. En realidad, de alguna manera tiene sentido. No podemos culpar a alguien por querer volver a la vida que tenía antes del COVID-19. Yo también quiero volver a la normalidad. Sin embargo, también entiendo la falacia de llamar normal a cualquier cosa en el futuro cercano mientras no haya una vacuna.

La actitud de las personas

Ésta es la paradoja a la que nos enfrentamos. Queriendo normalidad mientras el virus continúa propagándose y matando. Es como si, al pretender que ya se ha ido, pudiéramos hacer que se vaya. Pareciera que al suspenderse las restricciones de los horarios haya sido una señal ya estuvieramos a salvo.

Cuando veo a tantas personas volviendo a reunirse sin respetar distancias, ni usar barbijos, me pregunto por qué no usan el «sentido común», para caer en la cuenta de que «el sentido común no es muy común» últimamente.

Cuando un gérmen invisible que todavía acecha entre nosotros infecta a 140.000 personas, mata a cerca de 10.000 bolivianos y la gente vive sus vidas como si no existiera, es nomás que hemos entrado en un estado de negación.

Al principio, nos impresionábamos al conocer la identidad de algunas de las primeros infectados, pero a medida que los números continuaron aumentando, solo escuchamos sobre nuevas víctimas como números en una pizarra y hemos deshumanizado sin querer a los que han muerto.

En los próximos años se escribirán libros sobre cómo hemos reaccionado a esta pandemia.

Sin embargo hoy es cuando se está escribiendo ese libro en tiempo real. Los capítulos discutirán sobre los incrédulos, sobre las pocas pruebas diagnósticas de PCR, el cierre de nuestra economía, los despidos, el cierre de empresas, el uso de los barbijos; los que proclamaron tratamientos no probados, distanciamiento social o no, los contagiados y los muertos.

Nunca olvidemos este momento, no por la pandemia sino por las muchas vidas que hemos perdido. Honremos sus memorias protegiendo a nuestros semejantes y a nosotros mismos siendo inteligentes en lugar de tercos.