“¿Pero cómo piensan cambiar las cosas si no son candidatos a nada?”. Como activista joven y parte del movimiento Ríos de Pie, esta es una pregunta repetitiva en entrevistas que a veces damos. Nuestro entusiasmo por el activismo de noviolencia desde sociedad civil es constantemente recibido con escepticismo por actores políticos en el país. Hoy quiero ahondar en el porqué de mantenernos como un movimiento ciudadano, y no convertirnos en ni unirnos con ningún partido. En una sociedad propensa al caudillismo, ha sido raro que rechacemos la oportunidad de plasmar nuestra credibilidad con nombre y foto en una papeleta.

Disfruto mucho de causar esa disrupción porque refleja el corazón del activismo de Ríos de Pie. Intentamos que nuestra forma de participar en política sea la misma que nuestro fin: empoderar a la ciudadanía, no a una figura política. Nuestra intención es romper con viejos cánones. Esto se logrará escuchando y conociendo más de la pluralidad de Bolivia, antes que buscando que Bolivia conozca más de nosotros. No queremos repetir errores históricos. No somos candidatos porque los candidatos buscan micrófonos, nosotros buscamos escuchar.

El mejor activismo nace en la pluralidad de ideas que se unen para generar inteligencia colectiva. Esto siempre será más valioso que enfocarse solo en ideas propias, y también más impredecible y efectivo a la hora de generar campañas. Escuchar activamente y escuchar especialmente a aquellos que rara vez pueden hablar es el mayor tesoro de la noviolencia. Esto lo aprendí estudiando la preparación de la histórica marcha de la sal de Gandhi (1930). El Mahatma estuvo casi dos meses aislado intentando planear una campaña de desobediencia civil efectiva contra el imperio inglés. Pasó todo ese tiempo meditando en silencio y leyendo cartas con sugerencias de personas de toda la India. Fue leyendo estas cartas que Gandhi encontró la respuesta que buscaba: los trabajadores de la India habían exigido hacía años la abolición del impuesto a la sal de 1882. Las élites del movimiento independentista de la India no escucharon ni entendieron este pedido, pero Gandhi sí. Basándose en esto dio inicio a una campaña por la sal que terminaría derrotando la ocupación imperial de Inglaterra en la India. Gandhi y su movimiento, a diferencia de las élites políticas, sí supieron escuchar.

En este momento Ríos de Pie se encuentra, en cierta forma, en su propio proceso gandhiano de escucha constante al gestionar donaciones por la emergencia del Covid-19. La composición de nuestro movimiento es variada, con miembros en zonas urbanas y también rurales, lo cual nos permite un gran alcance. Trabajar en campañas humanitarias nos pone en contacto directo con personas que solicitan apoyo. El conversar con esas personas nos abre aún más los ojos sobre distintos obstáculos que impiden el acceso a la salud, comida o empleo en distintas partes del país. Y ese proceso, a la vez de bañarnos de humildad, nos ayuda a entender mejor cómo atacar esos obstáculos y cómo podemos ser cada vez un movimiento más inclusivo. A fin de cuentas somos un movimiento de gente joven, y admitimos que siempre se puede aprender más.

Este proceso de escucha aún no ha concluido para Ríos de Pie, y dudo que lo haga pronto o con una sola campaña. Escuchando nos hemos dado cuenta que somos más efectivos gestionando ayuda y haciendo activismo, que lidiando con la burocracia que conlleva un partido. Escuchando también hemos aprendido que la mejor protección para los derechos de una sociedad es la unión y la pluralidad de la misma. Por eso preferimos seguir con lo que hacemos bien y lo que amamos hacer: activismo con creatividad y noviolencia. Me permito parafrasear una vez más al Mahatma Gandhi, que sufrió críticas duras por nunca aceptar un cargo formal en los comités políticos de la India. Él constantemente indicaba que su compromiso era con la acción directa y noviolenta, y añadía sobre sí mismo: “Ni santo, ni político”.