Este domingo se posesionó al nuevo presidente de Bolivia, Luis Arce. Su discurso con alusiones a la unidad que necesita el país quedó corto en comparación al del vicepresidente Choquehuanca, quien profundizó más en la necesidad de diálogo. Sin embargo, más que estos discursos de unidad habló el hecho de que se haya retirado la bandera del patujú en los actos oficiales.

La bandera con la flor de patujú, símbolo de pueblos indígenas del oriente boliviano, se había vuelto constante, junto a la wiphala, en comunicados presidenciales. El nuevo gobierno del MAS la retiró, dejando nuevamente sola a la wiphala junto a la rojo, amarillo y verde. Pese a que el patujú sí estaba en la banda del presidente Arce, la ausencia de la bandera causó reclamos de líderes indígenas del oriente.

Entre los líderes que reclamaron por la ausencia de la bandera de patujú está el Tata Marcial Fabricano, líder mojeño de la región amazónica.

Desde Ríos de Pie, el movimiento juvenil del que formo parte, nos comunicamos con él para hacerle llegar nuestro apoyo. El Tata nos respondió con un video que difundimos en nuestras redes. En él, el Tata Marcial indica: “En este nuevo amanecer, los pueblos indígenas estamos muy extrañados porque se nos ha dado señales de la discriminación al ser retirado nuestro símbolo, nuestra identidad, de nuestra bandera del patujú”.

Una vez más nos encontramos con un gobierno que pretende utilizar las identidades indígenas a su conveniencia, borrando las que se han opuesto a su extractivismo agresivo. El MAS y sus pensadores tienen suficiente conocimiento sociológico como para saber la intención con la que se retira la bandera de patujú, sobre todo en el contexto actual. Desde un movimiento juvenil como Ríos de Pie sabemos que no podemos afectar estas decisiones en lo absoluto: tanto eventos oficiales como edificios gubernamentales han sido durante gobiernos masistas espacios de acceso único a esa élite cerrada y obediente a un solo caudillo. Esos espacios no son del pueblo, son de las cabezas de un régimen. Pero las calles sí son nuestras.

La madrugada del 10 de noviembre llenamos calles de distintas ciudades del país con la bandera de la flor del patujú. Nos sumamos al Tata Marcial en la celebración del levantamiento en defensa del Gran Mojos por el Gran Cacique Don Pedro Ignacio Muiba. Es una revolución de gran aporte al país de los pueblos indígenas mojeños, ya que fue en defensa del territorio del Gran Mojos en 1810, quince años antes que se fundara la república de Bolivia. Pese a la falta de tiempo, la creatividad abundó en nuestro equipo y muchas de las banderas que amanecieron en distintas avenidas de La Paz y Santa Cruz las hicimos a mano.

Nuestra pequeña protesta se llamó “Operación Patujú”. En medio de un país dividido, un grupo de jóvenes encontramos unión celebrando un levantamiento indígena. No podemos agradecer suficiente al Tata Marcial por hacernos parte de esto.

Hubo una imagen en particular que quedó en mi mente luego de la actividad. En la ciudad de La Paz, sobre un puente de la avenida Hernando Siles, cuelga un cartel blanco, hecho a mano, de tamaño grande y con el patujú cruzándolo horizontalmente. Al lado del mismo se lee “Respeto a los pueblos indígenas de tierras bajas”. Es uno de muchos carteles que colocamos en La Paz. El hecho de que un grupo de jóvenes paceños se haya dado el trabajo de hacer estos carteles y banderas para mostrar solidaridad a grupos indígenas de tierras bajas es una muestra de esperanza para el país, por muy pequeña que sea.

En medio de toda la división que hay hoy, existen aún quienes intentan tejer lazos de respeto, amor y hermandad entre distintas partes del país. Un cartel en La Paz que muestra solidaridad y apoyo a pueblos del Beni es la muestra tangible de que la juventud boliviana sí quiere respeto a todos los pueblos indígenas. No importa cuántas banderas quite o ponga el gobierno de turno, el futuro de Bolivia está hoy donde siempre estuvo: en sus jóvenes y en sus calles.