París comenzó este martes el primero de los 15 días en los que las autoridades locales han aumentado las restricciones para frenar el avance de la pandemia, que han obligado a los bares a cerrar y a los restaurantes a aumentar los controles.

La normativa marca el cierre total de cafés y bares y permite abrir a los restaurantes a condición de respetar un protocolo sanitario más estricto, con un máximo de seis personas por mesa, al menos un metro entre los diferentes grupos y la obligatoriedad de anotar nombre y teléfono de los clientes para alertarlos en caso de contagio.

«Ya veremos si sirve para algo. En todo caso nosotros hacemos lo que se nos pide», explica a EFE Matthieu Solivères, gerente del restaurante «Mamie», ubicado en la popular zona de Strasbourg Saint Denis, en la que conviven temporalmente negocios que han debido bajar la persiana con los que se adaptan a las nuevas restricciones.

Su local ya había puesto en marcha las medidas higiénicas recomendadas anteriormente y se alegra de que el veto para su sector no haya sido total: «Podemos seguir trabajando y eso ya para nosotros es lo principal», señala.

Desde el final del confinamiento, el pasado 11 de mayo, según sus cálculos, ha perdido entre el 30 y el 50 % de la clientela, una caída que atribuye en parte al teletrabajo.

El sindicato de empresas de la restauración UMIH ve injusto e «incoherente» que se hayan limitado las mesas a seis personas, cuatro menos que en el primer protocolo, y ha recibido con «rabia» el cierre de los bares, que a su juicio no tiene una «lógica sanitaria».

«Es un caos», admite un propietario bajo condición de anonimato. Otros, como el gerente del restaurante «Gros», Yannick Valluet, vigilan con recelo el impacto de las nuevas restricciones en su negocio.

«Perdemos una de cada dos mesas. De momento mantenemos a todo el mundo, pero a finales de la semana veremos si podemos continuar así o si hay que meter a alguien en paro parcial», recalca consciente de que la situación «es dura para todo el mundo».

Así, la capital francesa pierde una de sus estampas típicas: las pequeñas mesas de restaurantes apretujadas en las aceras y con los clientes comiendo codo con codo.

París fue considerada zona de alerta máxima este lunes al superar los tres baremos fijados por el Gobierno francés: una tasa de incidencia del coronavirus superior a los 250 casos en los últimos siete días por cada 100.000 habitantes entre la población en general, a los cien entre las personas mayores y más del 30 % de las ucis ocupadas por enfermos de COVID-19.

Las nuevas normas temporales fijadas por las autoridades sanitarias no afectan solo al sector de la restauración, donde la presencia de geles hidroalcohólicos a la entrada de los locales es ahora más evidente que en días anteriores.

Las universidades restringirán la asistencia física a sus clases en un 50 por ciento, también cerrarán gimnasios y piscinas (salvo para actividades escolares) y los comercios limitarán la asistencia a un cliente por cada cuatro metros cuadrados de superficie.

El objetivo de las autoridades francesas es evitar que el nivel de enfermos de COVID-19 en las unidades de cuidados intensivos en la región de París, actualmente del 36 %, alcance el 50 %, lo que colapsaría el sistema hospitalario.

Francia ha registrado hasta ahora un total de 624.274 casos de coronavirus, con 32.299 fallecimientos, y un incremento importante de contagios en las últimas semanas. La tasa de positivos ha ido subiendo y alcanza ya al 8,6 % de las pruebas de diagnóstico.