Por las redes muere el trabajador

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La mitad de las empresas rastrea la actividad en canales sociales de futuros empleados antes de contratarlos

Artículo escrito por Javier Ricou, para La Vanguardia

Una encuesta realizada entre casi 800 empresas de España revela que un 22% de esas firmas han descartado a candidatos para cubrir una vacante, que en principio les gustaban, tras revisar la actividad de esos aspirantes en las redes sociales.

Es una de las conclusiones del último estudio realizado por InfoJobs, portal de ofertas de empleo líder de España, que vuelve a poner sobre la mesa la importancia de controlar lo que se publica en esos canales, especialmente entre aquellos usuarios que aún no tienen un trabajo estable o suelen cambiar con frecuencia de empleo.

Ese mismo estudio constata que la mitad de las empresas consultadas confiesa revisar siempre las redes sociales de los candidatos antes de cerrar una contratación. Ese hábito es más común en negocios de 10 a 49 empleados (53,5%), mientras que en las grandes firmas –de 50 empleados o más– es menos frecuente (42%).

Facebook ocupa el primer lugar en la lista de canales “espiados” desde las oficinas de recursos humanos, seguido por LinkedIn Instagram, que ya ocupa la tercera posición, tras desbancar a Twitter en esos procesos de selección de personal.

“Las redes sociales brindan a los reclutadores la oportunidad de cotillear en las facetas más personales de nuestras vidas discretamente y con gran facilidad, de modo que es comprensible que muchos responsables de recursos humanos caigan en la tentación de hacerlo y que eso acabe influyendo en sus decisiones”, afirma Ferran Lalueza, profesor de comunicación y social media de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigador del grupo GAME.

“Espiar las redes sociales de los candidatos a un puesto de trabajo es lícito y no vulnera el derecho a la intimidad, ya que son canales públicos. Si el candidato desea evitar esta situación tiene a su disposición las diferentes políticas de privacidad que las propias redes sociales ponen a su disposición”, indica, por su parte, Diego Sánchez López, abogado de Maestranza Consultores, una firma con más de 20 años de experiencia en la prestación de servicios legales, especializada en materia laboral, mercantil y financiera.

UN ESCAPARATE PÚBLICO

La medida es legal siempre que ese trabajo se centre en contenidos al alcance de todos

“Las mentiras o incoherencias entre lo comentado en la entrevista y la información encontrada en las redes sociales es el principal motivo de descarte de candidatos”, recoge el estudio de InfoJobs. En segundo lugar las empresas citan el descubrimiento en esos canales de fotografías inapropiadas. Y el tercer motivo de los descartes después de espiar las redes de un candidato son las faltas de ortografía en sus publicaciones.

Mensajes en los que se falta al respeto a otros usuarios, la publicación de opiniones radicales sobre religión, temas raciales, orientación sexual o comentarios religiosos dejan a muchos aspirantes sin el puesto de trabajo, revelan esas empresas. Así como posiciones políticas muy marcadas o comentarios negativos de esa persona sobre antiguos compañeros de trabajo, ex jefes o empresas en las que ha trabajado.

Que una empresa investigue a un candidato que quiere contratar antes de darle el puesto no es nada nuevo. Lo habitual, desde siempre, es pedir referencias de antiguas empresas o intentar contactar con excompañeros del aspirante, cuando es posible, para recabar información. Pero ahora, con la aparición de las nuevas tecnologías, ese trabajo indagatorio se ha ampliado.

“La imagen corporativa de cualquier empresa es uno de sus activos más importantes, por ello, es muy normal y frecuente que se consulten las redes sociales del candidato al puesto de trabajo con anterioridad y con posterioridad a su contratación, para comprobar si cumple con esa imagen corporativa”, indica Carlos Carmona Román, abogado de Maestranza Consultores.

UNA SANGRÍA DESCONOCIDA

El 22% de las compañías descartan a candidatos que les gustaban tras mirar sus redes sociales

“El problema, con la llegada de las nuevas tecnologías, es que la imagen que pretendemos transmitir a través de las redes sociales tiende a ser completamente antitética respecto a la imagen que nos gustaría tuviera de nosotros el potencial empleador”, añade Lalueza. “En esos canales –continúa– primamos lo que nos parece más divertido, llamativo, alocado incluso, y el contraste puede resultar demoledor. Si en los últimos tres años nos hemos desfasado ni que sea una sola vez y nos ha parecido gracioso mostrarlo en Facebook, para alguien que casi no nos conoce y ve ese post, la percepción puede ser que el alcohol y las drogas dominan nuestra vida y que no se puede confiar en nosotros en absoluto”.

Este profesor de la UOC recalca, por otro lado, que “cuando compartimos determinados contenidos, normalmente pensamos en las personas que nos conocen y que, por tanto, sabrán contextualizarlos e interpretarlos adecuadamente. Pero, para quien no nos conoce o nos conoce muy poco, el hecho más anecdótico puede convertirse en un indicador del que extraer conclusiones que pueden perjudicarnos”. Y lamenta que “aunque ya hace varios lustros que las redes nos acompañan, muchas veces no somos suficientemente conscientes de este peligro”.

A Lalueza no le extraña que Facebook sea la plataforma más visitada por los responsables de recursos humanos para intentar conocer mejor al candidato antes de firmar el contrato. “En general, tendemos a exponernos más en Facebook porque tenemos la engañosa sensación de control derivada de la capacidad de segmentar a los destinatarios que tendrán acceso a cada contenido compartido”, indica este experto de la UOC en social media. Su consejo: “Por principio de prudencia es recomendable que aquello que nos puede perjudicar no lo comportamos ni siquiera con nuestro círculo más próximo”.

Instagram es el segundo canal más espiado por las empresas. “Su componente exhibicionista resulta tan inherente a la naturaleza de la plataforma, que el riesgo de acabar mostrando facetas no modélicas de nuestra vida también suele ser elevado”, recalca Lalueza. En LinkedIn, continúa, “tendemos a ser más comedidos por el carácter eminentemente profesional de esta red, pero precisamente por este carácter más formal es aquí donde aspectos como los errores ortográficos nos pueden pasar mayor factura”. Choca que esa plataforma, en teoría el canal donde se hacen constar los valores de un candidato, sea mirada cada vez menos por las empresas que prefieren bucear en Facebook e Instagram a la hora de dibujar un perfil del aspirante.

La exhibición de las vacaciones: ¿en horas bajas?

Es sólo una percepción, pero un repaso estas primeras semanas estivales por las redes sociales indica que las fotos de usuarios presumiendo de vacaciones o destinos idílicos es menor que años atrás. Ahora hay más paisajes (sin personas) que selfies. “No disponemos de datos empíricos que permitan confirmar esta percepción, afirma Ferran Lalueza, profesor de Comunicación en la UOC. Pero, si se confirmara, Lalueza apunta dos factores que podrían estar detrás de este descenso de exhibición vacacional en las redes. “El primero es que las redes sociales se alimentan preferentemente de contenidos novedosos y sorprendentes, que son los que permiten mantener la atención y la aprobación de los usuarios. Y lo que años atrás nos resultaba atractivo ahora podría ya aburrirnos o dejar de interesarnos”.

El segundo factor haría referencia al hecho de que muchos usuarios empiezan a ser conscientes de que esas fotos en destinos idílicos “puede provocar más fastidio que admiración”.

Lalueza recuerda estudios “que alertan de que un uso pasivo de las redes sociales puede tener efectos depresivos, porque en ellas se muestra la parte más atractiva de nuestras vidas. La vida real de cada uno de nosotros no soporta la comparación con la vida virtual de los demás, que vendría a ser una selección totalmente sesgada de momentos más o menos gloriosos”. Así que este rechazo, consciente o inconsciente, a la exhibición de felicidad ajena–continua este profesor de la UOC– puede traducirse en menos interacción aprobatoria, lo que nos llevaría a compartir contenidos menos exhibicionistas en favor del siempre ansiado me gusta.

Ferran Lalueza no descarta, asimismo, que esta realidad pudiera explicarse también “por un principio de prudencia (que nadie sepa que no hay nadie en mi vivienda durante mi ausencia vacacional), por dificultades de conexión , por voluntad de desconectar de tanta red social durante unos días o por el deseo de evidenciar que estoy pasándomelo tan bien que apenas tengo tiempo de compartir contenidos”.

Artículo escrito por Javier Ricou, para La Vanguardia