Que no “panda el cúnico”

Foto de Juan Pablo Arenas
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Sin pretender quitarle la gravedad y seriedad con la que se debe enfrentar a una epidemia, como la covid-19, vale la pena mantener la calma y evitar que cunda el pánico entre la población. La velocidad con la que fluyen las noticias, llenas de imágenes, audios y alarmantes avisos, casi apocalípticos, es todavía más rápida que el propio brote y está provocando angustia, temor e incertidumbre en todas partes del mundo.

El coronavirus ha contagiado a miles; está en más de setenta países; tiene a algunas ciudades en cuarentena; su tasa de mortalidad en la China (país de origen) está alrededor del 2%, y cae a menos del 1% fuera de la China; y todavía no hay una vacuna disponible. Sin embargo, las respuestas para enfrentar a esta enfermedad no pueden estar guiadas por el pánico que la comunicación digital está provocando.

Eventualmente, esta epidemia llegará a Bolivia. Pero, nuestros problemas de salud pública, en la actualidad, son otros. Solo como uno, de los cientos de ejemplos: hay más de cuarenta mil casos diagnosticados de dengue en el país. Los hospitales públicos están saturados. La prevención y el control del dengue dependen, exclusivamente, de las medidas eficaces de lucha contra criaderos del vector transmisor, el mosquito Aedes aegypti: debemos mantener el patio limpio, recoger basura y residuos sólidos en predios y lotes baldíos, tapar los recipientes de agua, eliminar llantas y otros elementos que puedan acumular líquidos estancados. Para decirlo claro: nuestra cochinera, descuido y desinformación provoca que este mosquito se reproduzca y nos ataque. Así como este ejemplo, hay otras tantas enfermedades, físicas y sociales, que matan bolivianos.

El virus se transmite por gotas provenientes de un estornudo o la tos de una persona infectada que llegan directamente a otra o a través del contacto físico o de la interacción con superficies contaminadas. Las medidas para evitar la expansión del coronavirus son básicas, no requieren de mayores inversiones y se fundamentan en el sentido común y la colaboración de todos: lavarse las manos con agua y jabón; evitar tocarse los ojos, nariz o boca antes de haberse lavado las manos; toser o estornudar cubriéndose la boca y nariz con el codo flexionado o con un pañuelo; tirar el pañuelo y lavarse las manos; no hace falta el uso de la mascarilla si uno está sano; usar barbijo si se tiene tos, y evitar aglomeraciones para no contagiar a otros; no llevar a los niños enfermos al colegio; mantener una distancia prudente con personas que tosen, estornudan o tienen fiebre; el virus dura muy pocas horas sobre superficies inanimadas, y se elimina con cualquier desinfectante; alejarse de los mitos y la desinformación que circulan en redes sociales; evitar las compras de pánico o caer en las garras de los especuladores; usar alcohol en gel, si no hay agua cerca; y nuevamente, lavarse las manos, concienzudamente, con agua y jabón.

Es comprensible que situaciones así provoquen estrés, ansiedad y paranoia colectiva. Además de hacer nuestra parte, lo que hay que evitar es la epidemia de pánico social. Quizás, habría que quedarse con el humor de este estallido de comunicación digital, como el mensajito que dice: “Vengo del futuro y el único sobreviviente del coronavirus es Pimpón, porque además de ser guapo y de cartón, se lava las manitos con agua y con jabón”.