¿Qué puedo hacer para salvar al planeta?

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Las diez acciones personales individuales que más reducen las emisiones que calientan la Tierra

La preocupación por la crisis climática crece cada vez más y muchos ciudadanos se preguntan si pueden aportar su grano de arena para intentar frenarla. La respuesta es sí. Y es más fácil de lo que parece. Cada uno, en su día a día, puede incorporar algunos hábitos para disminuir su huella de carbono. Pero esta acción individual no debe sustituir a la acción colectiva de los poderes públicos, insiste el divulgador ambiental Andreu Escrivà. Para él, ambas deben ser complementarias porque la ciudadanía no tiene toda la responsabilidad.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Hasta ahora, recomendaciones como reciclar o cambiar las bombillas han protagonizado la respuesta rutinaria a esta pregunta. Pero el beneficio de estas acciones en el medio ambiente es en realidad mínimo en comparación con otros comportamientos que tienen mayor potencial. Así lo revela el estudio The climate mitigation gap (2017). Por ello, el primer paso es conocer bien qué decisiones consiguen reducir de manera significativa el impacto ambiental. Y estas son algunas.

1. Caminar, ir en bici o moverse en transporte público

La movilidad es una de las áreas más importantes para actuar. Actualmente, las emisiones de gases de efecto invernadero ligadas al transporte representan un 25% del total de España. Andar o ir en bicicleta son hábitos saludables que además no generan emisiones. A la hora de moverse colectivamente, los modos de transporte ferroviario son los que tienen menos impacto ambiental (dado el componente verde del mix eléctrico). Los expertos recomiendan utilizar el coche lo menos posible; y si no hay más remedio, una opción alternativa son los turismos compartidos.

2. Utilizar menos aviones

“Hemos asociado el avión a viajar”, dice Escrivà. Recomienda pensarlo antes de pisar un aeropuerto para “ser conscientes del impacto de nuestra huella de carbono”. Renunciar a un vuelo transcontinental supone ahorrar unas tres toneladas de CO2. Y en algunos casos se puede sustituir el avión por otro medio de transporte con menos emisiones, como el tren.

3. Contratar energía verde

La energía es otro campo donde las pequeñas (o grandes) acciones conllevan un cambio relevante. Reducir el consumo eléctrico no sólo disminuye el impacto ambiental, sino que también abarata el coste. Para conseguirlo, una buena opción es cambiarse a una compañía con energía verde certificada como modo de presión para que el sistema eléctrico sea más limpio. El autoconsumo con fuentes renovables gana fuerza cada vez más en el ámbito doméstico y en la pequeña industria.

4. Abandonar la secadora

Los expertos consultados también resaltan el alto consumo eléctrico que supone. El resultado es una alta emisión de CO2. Dejar de utilizarlas y sustituirlas por los tendederos tradicionales es una buena opción.

5. Comprar electrodomésticos eficientes

Aunque sean algo más caros, suponen un ahorro en la factura eléctrica. Pero no hay que olvidarse de hacer un uso racional de ellos (no poner el lavavajillas ni la lavadora en marcha hasta que ­estén llenos, usar los programas de lavado corto). En este punto aún se puede ir más allá e incorporar la tarifa con discriminación horaria, que permite abaratar el consumo eléctrico en franjas de mayor utilización. En el caso de la lavadora, los expertos aconsejan utilizar programas de agua fría porque la mayor parte de energía se desperdicia en calentarla.

Por otra parte, la nevera es el electrodoméstico que más energía consume. José Enrique Vázquez, consultor energético en EnerGroc, sugiere cambiarla si tiene más de 10 años. “Una nevera nueva consume un 40% menos de energía”, advierte. Otras recomendaciones son separarla de la pared para que pueda expulsar el calor, descongelar los productos dentro para que ayuden a enfriar la parte alta, evitar guardar alimentos calientes o no amontonar la comida para dejar que el frío circule.

6. Evitar los desperdicios alimentarios

El sistema alimentario genera pérdidas en las fases de cosecha, transporte, procesado, distribución y almacenamiento; pero en casa el derroche es mayor. En el mundo se desperdicia casi un tercio de lo que se produce, lo que supone un 8% de las emisiones de gases invernadero. “Reducir el desperdicio es crucial para luchar contra el cambio climático”, insiste Escrivà. Y a su juicio, esta es una de las pautas más fáciles de hacer y con la que también se ahorra dinero. Él propone organizar menús semanales para evitar comprar en exceso.

7. Dar prioridad a los productos de temporada y de proximidad

“Esto ya lo hacían nuestros abuelos. Pero ahora nos hemos acostumbrado a tener todo lo que queremos siempre que queremos si podemos pagarlo”, confiesa Escrivà. El consumo de productos que no son de temporada supone un gran gasto energético en el transporte, el uso de cámaras de refrigeración para conservarlos y almacenarlos y, por tanto, una gran cantidad de emisiones CO2.

8. Comer menos carne

Principalmente de vacuno, porque su huella ecológica es mayor. La ganadería industrial es responsable del 18% de las emisiones mundiales y tiene otros impactos como la deforestación necesaria para criar a los animales y cultivar sus piensos. Escrivà reconoce que este es un debate muy controvertido, pero insiste en que cada uno puede reducir su consumo de carne de la forma que le resulte mejor, desde disminuir la ingesta semanal hasta establecer un día a la semana sin carne.


En este aspecto, también sugiere prestar atención al modelo de producción. La ganadería extensiva comporta menos emisiones de gases invernadero. Por tanto, a la hora de comprar, un gran paso es pensar en el origen de procedencia de la carne. Acudir a tiendas de barrio donde el contacto es directo con el productor, permite conocer el modelo de producción y tomar decisiones más amigables con el planeta. En cualquier caso, la decisión de llevar una dieta basada solo en vegetales tiene un impacto ambiental menor.

9. Reducir el consumo y los residuos

La idea es evitar las compras innecesarias. Se puede, por ejemplo, comprar ropa de segunda mano o remendar las prendas. En cuanto a los residuos, reciclar es importante, pero Escrivà recuerda que antes de esa “R” está la “R” de “reducir”. Para él, la clave está en “abandonar la cultura del usar y tirar, y antes de comprar, preguntarnos: ¿me hace falta?”.

10. Regular la climatización

Ahora que llega el invierno, Vázquez recomienda que la calefacción no supere los 21ºC. De esta manera “podremos ahorrar hasta un 25% de nuestra energía”, indica.

Publicada en La Vanguardia