Wikipedia registra que el correo electrónico es anterior a la creación de Internet. Los antecedentes datan de 1962, cuando el Instituto de Tecnología de Massachusetts compró una IBM 7090 que permitía a varios usuarios iniciar sesión desde terminales remotas, y así guardar archivos en el disco y compartir documentos.

Esa referencia nos lleva a deducir que el sistema ya lleva en el mundo 56 años. Inicialmente se lo utilizó para intercambiar mensajes, pero ya en 1965 se desarrolló el servicio MAIL, que facilitaba el envío de mensajes entre los usuarios de esta máquina.

Sin embargo, el primer mensaje de correo electrónico genuinamente enviado a través de una red data del año 1971, y desde esos años la cantidad infinita de emails que se han enviado en el mundo.

Ese mismo año, el programador informático Raymond Samuel «Ray» Tomlinson, fue quien implementó el uso de la arroba (@) como divisor entre el usuario y la computadora en la que se aloja la cuenta del usuario de destino, eligieron ese símbolo porque en inglés la arroba se lee “at” que quiere decir “aquí o en”.

Seis años más tarde el correo ya se masificó hasta nuestros días. ¿Pero, por qué repasamos esto del email? Porque a medida que pasa el tiempo y aparecen nuevas formas de comunicarse a través de distintos dispositivos, el correo electrónico sigue fiel a todos y es el rey cuando se trata de solventar o respaldar cualquier acción, inversión o proyecto.

Venimos usando el correo electrónico medio siglo y seguimos cometiendo errores que en su mayoría de las veces suceden de forma involuntaria o porque no le damos su preciado valor.

Uno de los errores más comunes es el nombre que utilizamos en el correo, probablemente todavía seguimos utilizando ese que generamos en nuestra adolescencia y que muchas veces se leen como adjetivos más que personas por ejemplo: gorditalinda001@hotmail.com o choquita@hotmail.com. Lo recomendable es olvidarnos de esos correos para uso formal y generar uno más “corporativo”.

El correo electrónico tiene que tener un nombre o un objetivo que va en el asunto, y dependiendo del propósito del email deberá llamar la atención del destinatario para que lo invite abrir y leer.

En lo posible escoge un tipo de letra más clásico y vita el uso de emoticones para mantener la seriedad en la correspondencia.

Saluda de forma adecuada al destinario refiriéndote con su nombre o apellido.  Si el destinatario no te conoce, presenta tu nombre y de dónde escribes y porqué lo buscas.

Resume la información más importante, porque a veces ven un texto largo que no dice nada y nuestro email acaba en el basurero. Mantén la formalidad y despídete de forma cordial colocando los datos de referencia tuyos con tu nombre completo y números de contacto.