Recomendaciones para cuidar nuestra salud mental en tiempos de convulsión social

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La crisis política que estamos viviendo los bolivianos, tiene fuerte impacto en nuestro estado mental. Muchos estamos sintiendo incertidumbre, ansiedad, rabia, impotencia, miedo, confusión, dificultad para concentrarnos, agotamiento, aislamiento. Sin negar lo que está pasando, es importante tomar acciones de autocuidado para mantener la salud mental y emocional, usar estrategias para mitigar la angustia y la frustración.

Lo más importante es mantenernos en relación con otros evitando aislarnos. Hablar con el vecino, comunicarnos con la familia, con los amigos, expresar lo que sentimos. Para ser resilientes, abrirnos a ayudar, pedir ayuda y a recibir la ayuda que otros nos ofrecen. Fortalecer y mantener los vínculos de solidaridad y las redes de apoyo.

En situaciones de crisis, la tensión es natural y las discusiones familiares son algo que puede suceder. Muchos días en crisis genera angustia y ésta se expresa de distintas formas: algunas personas lloran, otras gritan y otras pelean. Es importante no tomarse estas discusiones como personales y saber también, pedir disculpas.

Es posible que algunas personas cercanas a usted tengan una opinión diferente a la suya frente al conflicto externo. Evite reaccionar con adjetivos calificativos ofensivos como ciego, idiota, traidor, imbécil, etc. En tiempo de crisis, los discursos se polarizan y el nivel de tolerancia para cualquier pensamiento alternativo, baja. Cuide sus relaciones más importantes y haga su aporte a la libertad de expresión.

Relaje su cuerpo, respire profundo, estire sus músculos, suelte la tensión. Haga una evaluación de su situación: qué dificultades tiene, con qué cuenta,  qué necesita. Identifique lo que siente: rabia, tristeza, frustración, incertidumbre, miedo, desesperanza, angustia. Permítase hacer lo que necesita para sentirse mejor: llorar, conversar con otros, salir a caminar, pasar un tiempo solo, distraerse con un libro, etc.

Comunicarnos es la mejor herramienta para mitigar los efectos negativos de la crisis a largo plazo, para disminuir somatizaciones, dificultades de sueño y situaciones de estrés postraumático. Hablar con los otros mantiene nuestra capacidad de pensar, de entender lo que nos pasa. Eso es primordial. Escuchar al que necesita compañía, al que ha sido agredido, sin juzgar y ofreciendo contención y apoyo. Entender que todos vivimos la situación de manera diferente. Si sentimos que escuchar al otro nos genera más angustia de la que podemos soportar, es importante alejarnos. Si los niveles de angustia rebasan a la persona, busque ayuda profesional.

Evite en lo posible, el deterioro de su vida cotidiana. Mantenga rutinas y distracciones: higiene personal, leer, juegos de mesa, cartas, salir a caminar, hacer ejercicio, aunque sea de manera precaria, mantener ciertas rutinas que den estructura, como el orden, la limpieza y los horarios.

Las redes sociales funcionan bajo el esquema de adicción tradicional, más aun en esta crisis, en la que deseamos información sobre el conflicto permanentemente. Es urgente hacer higiene mental, separarnos del celular por ciertos períodos de tiempo, para hacer y pensar algo diferente, que nos de algo de alivio. Ser selectivo con las fuentes de información para evitar contaminarse con noticias falsas. Las redes pueden servir como catarsis, pero no como terapia. Si lee un mensaje de pedido de ayuda emocional, no lo desestime ni subestime, redirija a la persona a contactar a un especialista psicólogo o psiquiatra.

CON LOS NIÑOS Es necesaria la atención, contención y la explicación. Hable con ellos y explique la situación, sin omitir ni negar. Esto les permite procesar sus emociones y darle significado a lo que está ocurriendo. Escuche lo que sienten, abrace, tranquilice, redirija la atención del niño a un libro, un juego u otra cosa agradable.

Cuando esté al cuidado de los niños, no se olvide de ellos por estar en su celular o en su conversación con otros adultos, no los deje olvidados en el bolleo con otros niños. Atiéndalos, cuídelos, juegue con ellos. ESTÉ CON ELLOS. Si se cansa o necesita actualizar su información sobre el conflicto, deje a otro adulto a cargo de los niños.

Evite que vean imágenes violentas. Hay cosas que los niños no pueden relativizar y que pueden dañar su mente por mucho tiempo, generando ansiedad, terrores nocturnos, angustia extrema. Protéjalos planificando actividades familiares agradables, que generen experiencias y recuerdos positivos.

Con los más grandes, planifique arreglos prácticos que brinden sentido de seguridad:  Qué deben hacer si pasa algo, como mantenerse comunicados, saber a dónde ir para reencontrarse, horas de regreso, rutas más seguras, calles a evitar.

Mantenga a su niño alejado de la angustia y la ansiedad, evite el uso de un lenguaje que exprese odio, descalificación, burla, humillación u ofensa. Combata la intolerancia y promueva convivencia y el respeto a las ideas de los otros.