Sobre cuidar y preservar

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Siempre he admirado a las personas capaces de preservar lo que consideran importante en su vida, sea esto tiempo, energía, relaciones, salud o dinero. La sensación de protección es una de las necesidades afectivas básicas que tenemos y es difícil sentirse tranquilo ante la falta de cualquiera de estos recursos. A diferencia de lo que implica iniciar o finalizar cosas, preservar es tomar lo ya existente en la vida, nutrirlo, mantenerlo y hacerlo crecer. Hay personas conservadoras por naturaleza, otras somos como el viento, de nacimiento. Nos cuida algún tipo de providencia más que nosotros mismos.

Preservar lo importante requiere tener claro cuáles son nuestras prioridades, ser conscientes de cómo usamos nuestro tiempo, a qué le damos nuestra atención, qué nos consume, cómo protegemos nuestro cuerpo, nuestra salud, nuestro sueño, nuestro dinero, qué tanto valoramos y cuidamos nuestras relaciones, nuestras opciones. Preservar es tomar decisiones y acciones que conserven y distribuyan lo que tenemos, de manera que sea bueno para nosotros y los demás. Es calcular el trecho y dosificar el gasto, para llegar a la meta.

No sé cómo andas en el tema de preservar lo tuyo, pero en lo personal, es algo que tengo que aprender día a día. En parte sigo teniendo la creencia de que lo conservador es una camisa de fuerza que quita oxígeno y liber- tad en la vida y la hace muy aburrida. Ser un vendaval ha sido un viaje mucho más divertido, rápido, interesante y apasionado. Sin embargo, algunos golpes sí me han quitado lo bailado, contrariamente a lo que dice una trillada frase. Con el tiempo, siempre podemos mejorar nuestra capacidad de hacer planes y de mantenernos en ellos para que sucedan en nuestra vida las cosas importantes. Nos es útil la práctica frecuente de revisar prioridades, chequear recursos y administrar energías. Todavía, por cierta naturaleza impulsiva, no salirme del plan o no desordenarme a momentos, es algo imposible. Necesito el oxígeno de lo novedoso y de la improvisación. Por eso, entre la necesidad de libertad y la de preservarme, he acordado conmigo misma el único plan posible de cumplir en última instancia: volver a la ruta, tan pronto tome conciencia de que me fui por la tangente (por no decir otra cosa). No es perfecto, pero es mejor

Nos es útil la práctica de revisar prioridades, chequear recursos y administrar energías

* Sicóloga

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