“Mi alma está hoy triste hasta el cuerpo. Todo yo me duelo, memoria, ojos y brazos. Hay una especie de reumatismo en todo lo que soy”. Catalina eligió estas palabras de Pessoa para contarme que estaba con penas por desamor. “La palabra feliz me pone triste”, remató.

Una amiga me preguntaba el otro día si yo, por mi oficio, sabía cómo salir victoriosa de las penas y angustias de la vida.  Convencida, le confié que la psicología me ha salvado muchas veces de vendavales emocionales, pero que claramente, no inmuniza ni contra la insensatez ni contra el dolor. Así que, no.  A veces no he sabido salir, ni mucho menos evitar entrar en los entuertos afectivos. Esta vida es siempre un desafío.

En algún momento, la tristeza es territorio habitado por todos y aun cuando nos pega duro, es posible “mantenerse bien” con ella adentro, atravesar el desasosiego con un corazón sabio que sin negar el sentimiento, brinde calidez y máximos cuidados al alma y al cuerpo. Menos zen, pero igual de atinada, entre sus consejos para “atravesar la pena”  mi madre diría: “Usted se levanta igual, hace la cama y se va a trabajar”. “Se ducha largo, se  pone crema y perfuma, aunque no tenga ganas”.  “Come sano y mueve el cuerpo”, aconsejan mis amigos, los atletas.  “Desembarga la voz, nos cuenta qué le pasa y se ríe de sus desatinos”, dirían mis amigas. “Un clavo saca otro clavo”, dirían mis amigos, con esa vana esperanza que distrae, pero no remedia. “Cambie las gafas oscuras con las que ve el mundo, por otras más claras” está escrito en manuales de autoayuda. “Dejate abrazar y apapachar mucho”, me dicen los que de verdad me quieren. “Aprovecha para interrogar tu malestar y aprender más de ti” dirían mis maestros de meditación. “Llorá todo lo que quieras, pero cuando tengas ganas de reírte, dale permiso a las carcajadas”, de mi cosecha… así le iba pasando los “tips” a Catalina cuando me preguntó si ya había escrito esta semana mi columna sobre aprender a ser feliz. Debí haberle puesto otro nombre a la bendita columna, pensé. “De esta semana no paso…es que en estos días, la palabra feliz, también me pone triste” respondí. Calma corazón. Calma.