Transición de Roles en las Familias Modernas

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Las familias, como sistemas vivos, construyen sus historias a través del tiempo. ¿Cómo acercarnos a las familias de los tiempos actuales? La tecnología, las comunicaciones cibernéticas, la distribución del trabajo, las distancias urbanas…nuevos mitos, nuevas creencias…que modifican roles y funciones de los miembros del sistema familiar.

Sin duda la familia de los años 80, ya no es la familia del 2019. Vertiginosas trasformaciones exigen a los hijos de ayer “re-inventarse” para poder ser padres hoy.

Los terapeutas de hoy debemos mirar el contexto social, que repercute en cambios relacionales al interior de las familias que asisten a consulta.

La revolución tecnológica en las telecomunicaciones trastocó las interacciones y los estilos comunicacionales en los últimos años. Hoy por hoy, los jóvenes utilizan el teclado con igual o mayor fluidez que las cuerdas vocales. Las innovaciones tecnológicas convierten en obsoleto un artefacto, que seis meses atrás, era de última generación.

Es indudable que los jóvenes asimilan y se acomodan con mayor rapidez, al manejo de aparatos cada vez mas pequeños, difíciles de distinguir por el ojo de un padre, que a los 40 años, ya sufre los síntomas de la presbicia ocular!

De pronto, algo inexplicable ha sucedido: el hijo se convierte en el “experto” que debe enseñar a sus padres, como manejar el IPod, programar el IPhone o utilizar el androide. La asimetría del saber se ve amenazada, y los padres rogamos que nuestro pequeño tenga paciencia, mientras nos explican, por tercera vez, como resolver nuestras “grandes dudas”.

La jerarquía de los padres, establecida desde el lugar del supuesto saber, se ve amenazada. El poder de antaño, que los padres asumieron desde su saber enciclopédico, y que los padres de hoy intentaron construir en las aulas y las luchas ideológicas de los 80, es tan obsoleto, como la máquina de escribir.

Estamos frente a una crisis, re-plantear funciones, reglas y necesidades es la única manera de alivianar la amenaza.

¡Recuerdo a mi madre, cuando tenía mi edad, y no puedo dejar de sonreír al imaginarme como se la vería con la ropa que llevo hoy puesta! ¡Sucede que ella pertenece a una generación en la que envejecer era parte de la vida! ¿¡Se dice que los 40 de antes son los 30 de ahora… que paso!? ¿Enloquecieron los relojes? La medicina, la estética y los nuevos mandatos sociales híper-valoran los signos vitales de la juventud.

Envejecer es casi un pecado, la oferta de empleos en el mercado laboral, considera el rango de los 35 años como el promedio límite para acceder a un cargo.

Los cánones estéticos, cada vez más exigentes con su cultura de la delgadez, las formas y el rendimiento físico han acercado las distancias naturales entre padres e hijos. De pronto una madre, parece confundirse con su hija adolescente cuando seleccionan su vestuario.

¿Qué sucede, en el juego relacional de los padres que necesitan ejercer su autoridad frente a sus hijos, con los que se intercambian la ropa?

Los padres y las madres de ahora, frente a la exigencia de no envejecer, ven en sus hijos el “modelo” para seguir siendo jóvenes.

El antiguo esquema se ha invertido, y “querer ser como mamá” parece un mal presagio.

Los grandes de antes tenían la razón. Yo no tengo muchas memorias en las que mis padres hubieran negociado donde comer el Domingo o el destino de las vacaciones… es cierto, en variadas ocasiones los hijos no estábamos a gusto, pero nuestras oposiciones no definían frecuentemente las actividades familiares.

Las familias modernas, en su mayoría, tienen a papá y a mamá ejerciendo un rol productivo, a la par de roles conyugales, parentales y familiares…los tiempos han cambiado y con un solo aporte es muy difícil progresar financieramente…. Pero el día sigue teniendo 24 horas.

Las exigencias de una sociedad competitiva, que crece a un ritmo violento, aumentan distancias urbanas y las familias actuales aumentan su sobre carga.

Es cierto los chicos de ahora están más solos, a cargo de instituciones educativas o de múltiples actividades extra-escolares. Los tiempos físicos son cada vez menores y el compartir se reduce a momentos de conciliar agendas de todo el grupo familiar.

La nueva generación ha tomado revancha y frente a padres culpógenos, exigen cada vez más el cumplimiento de demandas y deseos, caracterizando a las familias como grupos “chico-céntricos”. ¿Nuevamente la jerarquía entra en crisis, como le digo que no? ¿Acaso vale la pena pelear con los chicos el único día que pasamos en familia?… y la consiguiente pregunta: “¿niños, donde quieren comer hoy?”

Las familias modernas llegan a consulta, agobiadas por una nueva realidad, a veces resistiendo al cambio, produciendo síntomas; y solo tendrán el chance de capitalizar sus crisis con el atributo de la flexibilidad y la ampliación del perímetro de sus soluciones. La resistencia implica la repetición de modelos rígidos que persisten cognitivamente. La resistencia al cambio al interior del sistema familiar, genera la atribución a uno de sus componentes, como portador del síntoma.

Re-definir, re-enmarcar, re-estructurar…es pues todo un reto en los tiempos de la Lady Gaga.

Los sistemas abiertos, permeables y flexibles en sus pautas, serán los que sobrevivan sin mayor dolor. ¡Con celular o sin celular, la familia sana seguirá siendo la que genere a sus miembros, la posibilidad de nutrirse e internalizar normas, en el lenguaje del amor!