A sus 22 años, el griego Stefanos Tsitsipas no parece conformarse solo con ser una de las puntas de lanza de la nueva generación del tenis internacional, aspira también a seducir al público y conquistar el favor de los fans.

El hombre que mañana tratará de privar al serbio Novak Djokovic de su quinta final en Roland Garros, la primera después de que en 2016 levantara su único título en París, exhibe sin pudor una nueva forma de entender su fama.

Adepto a las redes sociales, que entiende mejor que sus compañeros más veteranos, Tsitsipas pretende sustituir sobre todo a Rafael Nadal y a Roger Federer, dos tenistas que, además de un enorme palmarés, son los más populares del circuito.

Para conseguirlo, además de mucho tiempo por delante, el griego cuenta con otras armas, entre ellas una sonrisa de seductor que no duda en utilizar para dirigirse al público al término de cada partido, combinada con la mirada clara de un joven que sabe lo que quiere.

Todo ello acompañado de su desordenada melena que le confieren el aire juvenil que dice su edad, en contraste con el aspecto más formal de otros rivales de la pista.

Por ahora, su batalla está tanto en superar rondas como en meterse en el bolsillo al escaso público francés que la pandemia de coronavirus permite ingresar en las pistas. Pero también a los cientos de miles de espectadores que le siguen a través de la televisión o las redes sociales.

Su manera de dirigirse al público es diferente, menos formateada, una combinación de comunicación y frescura, lejos de las frases hechas que desgranan otros rivales, temerosos de adentrarse en terrenos pantanosos.

Tras cada victoria, y ya ha coleccionado cinco en la tierra batida parisiense, que le han llevado a su primera semifinal, el griego no se olvida de decir unas palabras en francés que encantan al público local.

Lo hace con más naturalidad que Djokovic, que tras años viviendo en Mónaco tiene un francés mecánico, o que Nadal, que traga saliva cada vez que tiene que dirigirse a la gente en el idioma local, deseando poder pasar al inglés.

Tsitsipas parece cómodo, agarra con divertimento los temas que le lanzan, ya sea la mascarilla que luce su padre y entrenador, que tiene una caricatura del tenista y que él se encargó de desvelar que descubrió en internet y no dudó en comprar varias.

Unos días más tarde reconocía en rueda de prensa que siempre ha querido ser periodista, lo que explica su arte para comunicar.

«A los 11 años ya era periodista», bromea, «tenía una página de Facebook que actualizaba constantemente con las noticias de Federer, Nadal o Djokovic. No dejaba de hacerlo al volver del colegio. Verificaba los resultados», asegura.

A diferencia de otros colegas, incómodos cuando les preguntan por asuntos alejados de las pistas, Tsitsipas se siente cómodo. «Me gusta cuando me hacen preguntas inesperadas, que no se refieren al partido, me permiten airearme un poco y dar más información», señala.

Tsitsipas sabe cómo ganarse a todas las generaciones. El tenista, hijo de una pareja de exjugadores, griego él, rusa ella, no duda en hablar con franqueza de su familia.

«Mi madre sabe mucho de tenis. A veces las cosas se complican, porque ella dice una cosa y mi padre dice otra. Entonces nos sentamos a dialogar con calma. Al fin y al cabo, mi padre es mi entrenador y el tono puede subir. Pero mi madre es adorable, nos da mucha energía», relata.

Por ahora, el heleno está ya rompiendo los techos del tenis de su país y aspira a responder favorablemente a todas las expectativas que le sitúan, algún día, como número 1 del mundo.

«Desde niño he soñado con ganar un Grand Slam. Ahora afronto mi segunda semifinal. No me esperaba llegar hasta aquí, pero he aprendido de la primera (en el Abierto de Australia del año pasado, cuando fue derrotado por Nadal) y sigo buscando hacer algo grande», señala.

El griego comienza a hablar ya como un adulto. «Yo ya no soy de la nueva generación, soy mayor», bromea ante los periodistas que le preguntan por la «Next gen», el torneo de final de temporada que reúne a los 8 mejores sub-21 del año.

Con 21 él ganó el año pasado el Trofeo de Maestros, la misma modalidad pero sin límite de edad y ahora persigue convertirse en el finalista de un grande más joven en 11 años.

El reto es complejo, pero pocos tenistas tienen un balance tan bueno con el serbio, al que ha derrotado en dos de los cinco duelos anteriores. Será el primero en un Grand Slam, lo que supone una gesta todavía mayor para el joven Tsitsipas que, a la espera de lo que suceda en la pista, ya está venciendo al número 1 del mundo en el corazón de los aficionados.

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