Una investigación identifica qué niños tienen más probabilidades de necesitar cuidados intensivos

Una investigación dirigida por científicos del Children’s Hospital at Montefiore, el Albert Einstein College of Medicine y Yale School of Medicine, identifica qué síntomas permiten predecir el grado de gravedad que desarrollarán los niños con COVID-19. La investigación, publicada en Journal of Pediatricsmuestra que los niños con enfermedades respiratorias y aquellos con una condición poco común pero grave propia del COVID-19 denominada síndrome inflamatorio multisistémico (MIS-C por sus siglas en inglés), desarrollaron formas más severas de la enfermedad.

«Hasta la fecha se ha hablado mucho de que los niños con COVID-19 no suelen desarrollar formas graves de la enfermedad», comenta la autora principal, Danielle Fernandes, M.D., Médico Supervisora de la División de Medicina Hospitalaria, CHAM, y Profesora Adjunta de Pediatría en Einstein. «Nuestro estudio refleja que los niños con COVID-19, al igual que los adultos con esta enfermedad, pueden experimentar síntomas que van de leves a graves y que, trágicamente, también pueden fallecer».

Los investigadores evaluaron a 281 niños hospitalizados con COVID-19 en ocho centros médicos de Nueva YorkNueva Jersey y Connecticut entre los meses de marzo y mayo del presente año. La mitad de los menores desarrollaron síntomas de enfermedad respiratoria, como tos, sibilancia, dolor de garganta y dificultad para respirar. El 50 por ciento restante se dividió a partes iguales entre un grupo de niños con síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (MIS-C, en sus siglas en inglés) y otro grupo con síntomas diversos, incluidos problemas gastrointestinales y fiebre. De los niños que integraron estos tres grupos, los que desarrollaron MIS-C fueron los más proclives a requerir cuidados intensivos, pero solo los niños con síntomas de enfermedad respiratoria fallecieron a causa del COVID-19.

Los ocho hospitales participantes de la región tri-state (NY, NJ y CT) atienden a poblaciones étnicamente diversas; sin embargo, la mayoría de los pacientes hospitalizados en este estudio fueron hispanos o negros. A diferencia de los estudios sobre adultos con COVID-19, los investigadores descubrieron que los factores étnicos o raciales no influyeron en los resultados médicos de los niños hospitalizados a causa de esta enfermedad.  Además, el estudió determinó que:

  • Los niños con obesidad, por un lado, y también aquellos con niveles bajos de oxígeno en el momento de ser ingresados, fueron más proclives a padecer síntomas respiratorios graves y a necesitar cuidados intensivos prolongados;
  • Uno de cada cinco niños con enfermedad respiratoria grave requirió intubación y ventilación mecánica;
  • Los niños con niveles más bajos de linfocitos (un subgrupo de glóbulos blancos) y aquellos con niveles más elevados de proteína C reactiva, (un test común que evalúa el nivel de inflamación) fueron más proclives a desarrollar MIS-C grave;
  • Los niños con MIS-C tendieron a ser negros no hispanos.
  • No se observó ningún vínculo entre la raza, la etnicidad y el estatus socioeconómico con las formas más severas de la enfermedad.

«Esperamos que los pediatras tengan en cuenta estas señales de advertencia para predecir qué niños pueden requerir medidas de control y tratamiento adicionales, que podrían evitar el desarrollo de formas graves de la enfermedad y de desenlances fatales», dijo la Dra. Fernandes.

El estudio se titula «Síndromes clínicos del SARS-CoV-2 y predictores de la gravedad de la enfermedad en niños y jóvenes hospitalizados». Los coautores son miembros del Tri-State Pediatric COVID-19 Research Consortium, integrado por doctores de las siguientes instituciones: Albert Einstein College of Medicine; Children’s Hospital at Montefiore; Yale School of Medicine; Kings County Hospital Center; Maimonides Children’s Hospital; Joseph M. Sanzari Children’s Hospital; K.Hovnanian Children’s Hospital; Neptune City; SUNY Downstate Medical Center University Hospital y Stony Brook University Renaissance Hospital.

Fuente: Montefiore Health System; Albert Einstein College of Medicine