Un mural en la capital de El Salvador que resalta la lucha diaria de la mujer salvadoreña para salir adelante ha conseguido captar la atención de los transeúntes hasta el punto de que olviden, por lo menos por unos segundos, el problema del momento: el coronavirus.

La obra, diseñada en una pared de cemento, se sitúa en la calle Delgado, una de las tantas arterias que ha sido tomada por vendedores informales -por cuenta propia- que salen en busca del sustento diario a pesar de los efectos que ha causado la COVID-19 en el país, en el que se ha cobrado la vida de 717 salvadoreños.

Los colores del mural, de 9 metros de altura y 5 metros de ancho, llaman la atención. El aqua se impone y la figura de una mujer trabajadora con una cesta sobre su cabeza repleta de frutas envuelve a cualquiera que se pare a observar.

El amarillo de un jaguar, la cara de una niña con una flor blanca en su cabello, la representación de la Catedral Metropolitana de San Salvador – templo que también simboliza la lucha antes, durante y después de la guerra civil- y el Torogoz -ave nacional- complementan la obra.

Para el joven Rodolfo Díaz Gutiérrez, de 28 años, su obra busca honrar a esa mujer trabajadora y luchadora que «siempre sale adelante y ahora en estos tiempos (de pandemia) también lo hará».

«Tomo como ejemplo a mi mamá porque ella nos sacó (a mis hermanos y a mí) adelante. Para mí es importante representar a la mujer porque es luchadora, aguerrida y el Jaguar que le acompaña representa esa valentía que también ellas (la mujeres) tienen», dijo a Efe el artista que hace 10 años realizaba junto a su madre pequeños dibujos en piedras para venderlos.

En principio, según comentó el joven, el mural «tenía que estar en marzo, pero por la pandemia el tiempo se retrasó y creo que cayó (se concluyó) en el momento justo por la reapertura de la economía y la reactivación del todo el comercio en la zona, porque da otro sentido».

El muralista tuvo el apoyo de su progenitora, Elizabeth Gutiérrez, y cuatro personas más, y el proyecto contó con el acompañamiento de Glasswing Internacional, la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (Usaid) y la alcaldía de San Salvador.

«Algo que nos motivó cuando estábamos pintando es que pasaban niños y lo primero que hacían era señalar el mural, se les veía una sonrisa en el rostro y ahí nos dimos por servidos porque lo que yo quiero con el arte es simplemente cambiar el humor de una persona cuando pase por aquí, sacarle una sonrisa», expresó el joven que desde 2017 ha creado 35 murales en diferente lugares.

Los 200 metros de la calle Delgado también tiene el toque del joven artista, ya que en ella lucen figuras geométricas de distintos colores, bajo la técnica del urbanismo táctico, que dan vida a un espacio en el que se combina el bullicio, el comercio y peculiaridades de las personas que ahí se concentran.

«Desde que volvimos (por la reapertura económica) mucha gente ha venido a ver la pintura y esperamos, como vendedores, que más personas vengan a este lugar y nos compren. Aunque la gente tiene miedo por esto del virus, pero nosotros aplicamos todas las medidas (sanitarias)», manifestó Sonia Aguilar, una mujer vendedora de jugos naturales.

COLORES DE ESPERANZA

La madre del artista, una psicóloga de profesión, comentó a Efe que el joven «utiliza mucho la técnica de la psicología del color y retoma esos colores llamativos que nos inspira, nos dan alegría y, sobre todo, esperanza en estos tiempos».

«En este tiempo (de pandemia) es como poner un toque de alegría, de inspiración, y de esperanza en medio de todo lo que estamos viviendo y no es casualidad que este mural este aquí», subrayó.

La mujer, de 58 años y que siempre trata de apoyar a su hijo, resaltó que el joven artista «siempre trata de honrar el trabajo, sobre todo el de la mujer, la realidad nacional y a la niñez porque es un país la mayoría de mujeres están solas y tienen que sacar a sus hijos adelante».

«La imagen de la mujer aguerrida y luchadora siempre está presente en los trabajos de Rodo (como cariñosamente le llama)», agregó.

Sara Acosta