23 septiembre, 2020

Uno vuelve

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Alguna vez leí que uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida; no podría estar más de acuerdo con esa frase. Es así, uno siempre vuelve. Volvemos a los lugares donde nos sentimos acogidos, volvemos a las personas que amamos y nos hacen sentir amados, volvemos a hacer las cosas que en algún momento nos hicieron felices. Uno vuelve. Y volver es bueno, siempre y cuando te haga sonreír.

Exactamente eso me pasó cuando decidí volver a escribir y empecé con este post, lo hacía con una sonrisa en la cara. Debo admitir que, después de un buen tiempo de ausencia, me costó un poquito retomarlo. En un principio no sabía por dónde empezar o qué podía escribir para que esto no se sienta un poco forzado. Entonces empecé a releer el blog y me dí cuenta que habían pasado casi 6 meses desde mi última publicación. ¡Es increíble lo rápido que se fué el tiempo! Hace poquito estábamos recibiendo el 2014 y hoy ya estamos en el octavo mes del año y lo que más me impresiona es que, a pesar de eso, cuando miro hacia atrás puedo ver que estos ocho meses estuvieron llenos de mucho, sobre todo de aprendizaje.

En este tiempo pude aprender que la vida son momentos, que deberíamos disfrutar el presente sin pensar mucho en el futuro o por lo menos sin dejar que este nos aflija demasiado, que debemos arriesgarnos más y preocuparnos menos, al final de cuentas lo que tiene que suceder, sucederá…tarde o temprano.

Aprendí a soñar más y a estresarme menos, que es importante trazarnos metas constantemente, pero más importante aún es ir cumpliéndolas. Aprendí que la grandeza de las personas definitivamente no está en lo que poseen, sino en lo que pueden dar de sí mismas a los demás y que si tenemos la capacidad de ayudar a alguien que lo necesita, deberíamos hacerlo, lo más seguido posible.

Aprendí que, si vienen de la persona correcta, muchos besos nunca son suficientes y que un abrazo en el momento preciso siempre es perfecto, que deberíamos abrazar más y cuestionar menos, discutir menos, enojarnos menos. Que es posible amar sin tiempo límite y después simplemente dejar de sentir, así, en instantes. Y que uno siempre (siempre siempre) se enamora una vez más.

Aprendí que es bueno recordar con cariño a quienes fueron importantes en nuestra vida, que las verdaderas amistades son a prueba de tiempo y distancia (y en mi caso, también a prueba de ingratitud :P), que algunas personas pertenecen únicamente a nuestro pasado y que es mejor dejar que se queden ahí.

Aprendí que los «nunca más» y los «para siempre» casi siempre vienen con cronómetro incluído. Que la felicidad, cuando es compartida, es aún más grande. Que uno debería llorar hasta reír (y viceversa) mucho más seguido y que a veces es necesario cerrar los ojos para ver mejor.

Aprendí mucho. Aprendí a volver…es así, uno siempre vuelve y quizás, sólo quizás, para vos también sea un buen día para volver 🙂

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