Virginia Woolf: Literatura, género e identidad

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Virginia Woolf fue una de las grandes observadoras de la época moderna. Preocupada por el dolor y la belleza de su época, desarrolló en el lapso entre las dos guerras mundiales una obra que le ha valido un lugar en el canon literario del siglo pasado y que impulsó una transformación intelectual que sigue vigente hoy en día. Una de sus mayores inquietudes fue darle importancia a la mente y el corazón humano, sus pensamientos y sensaciones. En sus novelas y ensayos buscó nuevas formas de representar el monólogo interno de la mente del individuo, contrapuesto a un mundo exterior con el que muchas veces no se puede reconciliar. Woolf abrió en la literatura una ventana que nos muestra cómo el peso de nuestra mente le da forma a un mundo en el cual el más mínimo detalle o acción pueden provocar en nosotros las más extremas sensaciones.

Otra de sus grandes preocupaciones fue la identidad de género y sus roles. Woolf se dio cuenta de que, a lo largo de la historia, tanto el hombre como la mujer se han encerrado inflexiblemente dentro de roles predeterminados, y decía que eso nos impide conocernos a nosotros mismos. Para crecer como personas hay que borrar la línea que divide tan rigurosamente los géneros y aventurarse a experimentar sensaciones que no quepan en el molde de lo que entendemos como únicamente varonil o únicamente femenino. Sólo así podemos desarrollar una personalidad completa y original. Se dio cuenta también de que esa rigidez mental es la causa de la privación de libertad intelectual y espiritual de la cual ha sido víctima la mujer a lo largo de la historia. A partir de esta idea, buscó liberar a la mujer y permitirle desenvolverse en un plano de igualdad con el hombre, de manera que pueda desarrollar sus ideas y perseguir sus pasiones con las mismas libertades.

Estas dos ideas, la de explorar las tribulaciones internas de la mente y romper con los límites que los roles de género nos imponen, conviven constantemente en sus libros, y ninguno de ellos evidencia más lo importantes que eran para Woolf, que su novela Orlando. Su argumento es simple pero peculiar: relata la vida de un noble y poeta inglés de la época isabelina que se transforma en mujer y vive trescientos años. Es una novela llena de ironía y de humor, así como de una sutileza tajante. Difiere de sus otros trabajos en que el monólogo interno de la mente del protagonista no conforma exclusivamente su contenido, sin embargo, igualmente vemos cómo Orlando interpreta los eventos confusos y peculiares que experimenta durante su larga vida, y el efecto que tienen en su mundo interior, y eso es en parte lo que la hace tan singular.

Sin embargo, es el otro aspecto importante de la novela el que más la distingue: la identidad de género. A la mitad del libro, Orlando, que ahora es un embajador en Constantinopla, amanece un día transformado en mujer. A partir del cambio de sexo del protagonista –ahora la protagonista-, la novela explora los roles que le atribuimos consciente o inconscientemente a los géneros. Inicialmente, Orlando piensa que no ha cambiado nada en ella excepto su sexo, que su transformación ha sido únicamente física. Pero luego advierte que su actitud ha cambiado sin que se dé cuenta, se ha vuelto “más modesta, como las mujeres, en sus pensamientos, y más vanidosa, como las mujeres, en sus acciones”. Se percata de que ese cambio en su psique se debe en gran medida a la ropa que usa, y de que esta actúa como un filtro que cambia nuestra perspectiva del mundo y la perspectiva que el mundo tiene de nosotros. “La ropa, piensa Orlando, es la que nos usa, no nosotros a ella. Nosotros la moldeamos a la forma de nuestros brazos y hombros, pero ella moldea nuestra mente y nuestro corazón a su gusto.”

Nos encerramos en la noción de que el género al que pertenecemos traza nuestro camino en la vida, y haciendo esto limitamos nuestro espíritu y nos privamos de vivir todas las experiencias que ofrece el espectro de la vida. Si desde un principio nos dicen, o peor aún, nos decimos, cómo tenemos que actuar y pensar, nos perdemos de un mundo entero lleno de experiencias nuevas esperando ser descubiertas. El hecho de que Orlando no sintió ningún cambio en su personalidad hasta que comenzó a vestir diferente ilustra que no es el ser el que cambia, lo que cambia es la actitud porque ya está condicionada.

Lo que Woolf dice sobre el género es cierto también sobre una fascinante infinidad de cosas. La sexualidad, el amor, las drogas, la religión, el arte, nuestros intereses y lo que parece no interesarnos, todos están esperando que abandonemos nuestros viejos preceptos sobre ellos, que como una serpiente cambiemos de piel y aprendamos que limitar la mente siempre equivale a encerrar el espíritu.

La obra de Woolf nos muestra un alma altamente sensible a todo lo que pasaba a su alrededor. En su época tienen su origen muchos de los cambios positivos que han dado forma al mundo en que vivimos hoy, pero también muchos de los mitos y preceptos que siguen limitando nuestro progreso hacia una sociedad abierta y libre. Si bien hemos cambiado profundamente para bien, aún quedan muchísimas ideas que hace falta abandonar, pero el progreso que hasta ahora hemos logrado se lo debemos en parte a las obras y las ideas de Virginia Woolf.

Imagen: Dominio público.

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