Warmi Rosa, la cholita influencer

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Con sus videos, Lidia Quispe, más conocida como La warmi Rosa, se ha convertido en una de las influencer más importantes del país; las condiciones en las que creció no le impidieron alcanzar sus sueños.

Ya de niña le encantaba la actuación. Cuando llevaba  las ovejas y las vacas de sus abuelos a pastar por los extensos campos de Caquiaviri, en la provincia  Pacajes de La Paz, y sabiendo que nadie más la veía, aprovechaba su soledad para cantar. “Cómo quisiera ser cantante”, soñaba La warmi Rosa por aquellos tiempos en que todos la llamaban Lidia, su nombre.

Huérfana de madre, Lidia Quispe Rosa, hoy conocida popularmente como La warmi Rosa, creció junto a sus dos hermanos y sus abuelos paternos, y supo ser feliz en condiciones muy modestas. Ella recuerda que sus principales carencias fueron la comida y el cariño, y  su mayor refugio, las canciones, lo único con las que las ausencias le pesaban menos.

Con un gran esfuerzo, La warmi estudió hasta tercero de primaria. Diariamente caminaba una hora para llegar hasta la escuela. Pero algunas temporadas faltaba a clases, a veces  porque no tenía cuadernos, y otras porque no alcanzaba  a cumplir con las tareas. Es que  repentinamente la noche le caía  encima y en su vivienda no había luz. Era la época del querosene, pero en su casa no lo conocían.

 La warmi junto a su hija, Patty Maldonado, coprotagonista de sus historias.

Pese a las adversidades, La warmi disfrutaba cada vez que tenía oportunidad de ir al colegio, donde lo que más le apasionaba era la lectura: “A mí me gustaba siempre leer. Rapidito aprendía a leer las cosas. Aymara nos enseñaban los profesores y rapidito aprendía. Así hasta tercero básico hemos ido. De ahí ya hemos crecido, siempre en la pampa”, recuerda.

Mientras ella y sus hermanos iban creciendo en la hoy añorada llanura, su papá trataba de ganarse la vida en cualquier resquicio de esperanza de la ciudad vendiendo los tejidos que concebía a palillo, un oficio que La warmi ha heredado y al que ha dedicado su vida desde su niñez.

“A veces mi papá venía a vernos. ‘Hijos estoy intentando trabajar’, nos decía. Mucho sufrimos de comida, papi, nos quejábamos nosotros. ‘Ya nos vamos a ir a La Paz’, decía él. Apenas había venta. Él iba a la ferias y de ahí, poquito a poquito, la venta  empezó a ir mejor, con los años . Cuando le fue bien nos  vinimos a La Paz”, cuenta La warmi.

Ya en la ciudad, cambió el pastoreo de  las ovejas y las vacas por la elaboración y venta de palillos, y la distribución de éstos en todo el país, junto a su papá.

  La warmi Rosa ha conquistado las redes sociales con su carisma.

“Los palillos tenían mucha salida y en ese tiempo nosotros íbamos a repartir. Yo viajaba a Cochabamba y a Oruro. A Potosí y a Sucre los mandábamos (los palillos). Y aquí (en La Paz)  entregábamos en la Max Paredes, en La Tablada, en la Buenos Aires, en El Alto. Con eso hemos pasado tiempo. Entonces yo jamás pensaba que iba a estar delante de una cámara”, asegura.

Conquistando las redes sociales

La warmi tiene dos hijos: Patricia, estudiante de la carrera de administración de empresas, y José Manuel Maldonado, estudiante de derecho, quienes “con mucha paciencia” -reconoce- le  enseñaron a  manejar el celular y la introdujeron a la inmensidad digital.

“Yo decía: ¡qué voy a poder aprender!  Pero puedo, pues. Enséñenme, les decía. Y poco a poco me han enseñado. De ahí me puse  a ver en YouTube los videos que hacían para reír y me reía harto”, relata La warmi.

“Había muchos youtubers y yo siempre los miraba y decía: Ay, yo puedo hacer esto. Me reía porque a mí me chocaba lo que hacían y en mi mente decía: A lo mejor yo lo puedo hacer.  Mis hijos un día me preguntaron: ¿puedes hacer mami?’.  Sí, puedo, les contesté, pero a mi manera”.

Entre los tres se inventaron una historia y ella, que nunca había estado delante de una cámara, se dejó llevar por su hijo José Manuel, quien la grabó con su celular. Desde ese junio de 2019 nunca más volvió a ser   Lidia.

Esa mujer de trenzas largas, pollera y sombrero borsalino, a la que de niña le encantaba actuar cuando nadie la veía, se convirtió en La warmi Rosa, una heroína andina, cuyas hazañas cotidianas son seguidas actualmente por más de 230 mil personas a través de Facebook.

Una de sus seguidoras se toma una foto con ella.

“Su tercer video se volvió viral y llegamos a los 10.000 seguidores (…) Lo hizo por hobby más que todo, como diciendo, haré reír a una persona, que alguien se ría conmigo y yo voy a estar feliz”, dice su hija Patty, coprotagonista de las historias humorísticas de La warmi Rosa, muchas de las cuales en las que también sale  Cirilo, el gato de la familia. Todas las historias se desarrollan en la casa de La warmi, en El Alto.

Esa niña que se caracterizaba por ser   carismática, alegre y juguetona en su soledad, contagia hoy con su espontánea sonrisa y su admirable carácter a las decenas de miles de seguidores que siempre están atentos a sus contenidos, detrás de los cuales se esconde José Manuel, quien graba y edita las escenas, que tienen como principal objetivo arrancarle una sonrisa al espectador.

“Voy a seguir haciendo videos, haciendo reflexionar y haciendo reír. Esa es mi meta”, promete La warmi.

Rozándose con famosos

La warmi junto a Ale Pinedo, uno de los mayores influencer del país.

Su mayor inspiración ha sido Ale Pinedo, uno de los youtubers más influyentes de Bolivia y con quien ha producido algunos videos. El último, grabado recientemente, será publicado en las redes sociales esta semana.

“Yo nunca imaginaba conocerlo y mucho menos grabar con él.  Es un ejemplo para mí. Él me ha apoyado y me ha dicho lindas palabras. Ahí he abierto los ojos. Aún no estoy sola y me siento bien y muy agradecida con todos”, expresa.

Aunque su principal labor siguen siendo los palillos, un trabajo que desempeña en el taller de esa misma casa, donde junto a sus dos hijos se tejen las ideas que hacen reír a sus fieles seguidores, los días de La warmi ya no son los mismos.

“Mi vida ha cambiado totalmente. Es bien diferente para mí, sorprendente. Esas lindas palabras que me dicen cuando me reconocen en la calle, la gente que me apoya mediante las redes… Eso para mí es una motivación. Nunca, de nadie, había  recibido ese cariño, ese apoyo moral”, afirma la influencer.

Publicada en Página Siete. Texto de María Ortíz