Todos los teléfonos tienen un sonido específico cuando nos llega un mensaje de WhatsApp, y nosotras respondemos a ese tono dependiendo del estímulo que nos provoque, los psicólogos le llaman conducta condicionada que es la contestación que una persona brinda a otra cuando es llamada o requerida, esa idea de respuesta condicionada está relacionada con una forma de aprendizaje por asociación.

El sujeto aprende a brindar una cierta respuesta después de un determinado estímulo que en este caso es el sonido del celular o el tono que nos avisa que un mensaje de WhatsApp acaba de llegar.

Lo cierto es que ese simple sonido nos detiene el mundo, por más simple que sea, dejamos todo por ver de qué se trata o quién lo envía, nos vuelve esclavas y “WhatsApp dependientes”, e incluso hay momentos en los que no suena, pero imaginamos que sonó o al menos creemos haberlo escuchado y ya nos genera curiosidad.

Es que si bien, el invento de esa estupenda herramienta nos conecta con los amigas, con los familiares que están en un montón de lugares, nos dice en tiempo real la ubicación de nuestros hijos y nos deja guardar conversaciones laborales, también es motivo de dolor de cabeza y estrés.

Le pregunté sobre el tema a un amigo que es especialista en el asunto y me compartió algunas recomendaciones:

  1. Los mensajes de grupos: programa un sonido específico o si el grupo no es tan importante colócalos en silencio, por un año, una semana o una hora, depende de cada una.
  2. Los mensajes de las personas que más te escriben: tus amigas, tus hijos, tu esposo igual colócales un sonido específico tanto para la llamada como para el mensaje, así cuando suene sabrás quien te escribe y defines si quieres responder en ese momento o más tarde.
  3. Mensajes simples: elije un tono que no te haga saltar cuando suene, para que no te moleste cuando alguien te escriba.

Debo confesar que vivía aturdida por el sonido que me provocaba el celular y opté por ponerlo en completo silencio para evitarme dolores de cabeza y respuestas condicionadas por el sonido. Ahora estoy más tranquila y con una dosis menos de estrés, que es lo que todas apuntamos a esta altura de la vida.